Larissa
Por Tania Hernández
Esta casa es mágica,
me dice Larissa. Hay escaleras que se mueven, puertas que se abren a corredores
interminables, balcones de los que uno brinca y se cae para arriba. Sus
historias me parecen una combinación de Carrol y Rowling, pero esa es mi referencia no la de
ella. Por lo menos eso creo. Nadie tiene el patente de lo fantástico. Larissa sigue
contándome de sus aventuras por la casa, de la gente que ve, de la gente con la
que habla, de los perros, los gatos, los loros. Todos viven acá, pero no se
conocen. Hay mucha gente, muchos animales, muchos muebles. La casa es muy
grande, hacia adentro. Esa es la conclusión a la que ha llegado. Pareciera que
tiene necesidad de explayarse en detalles, de hablarme de monstruos buenos y humanos
malos, de niños que nacen al revés y por eso no encuentran la vida, y de la
tristeza de las despedidas que cubren las paredes.
Apenas tiene diez años
y sabe más de la vida que yo a mis cuarenta. O de la gente más bien. Es porque
la casa es mágica, me aclara, ella me cuenta mucho. Me invita a seguirla por
unas escaleras que aparecen de repente y que cruzan misteriosamente las paredes
de mi cuarto. Te podría mostrar mi tiempo y otros tiempos. Le respondo que no,
que me da miedo quedarme con ella al otro lado y no volver jamás. Ella dice que
la del otro lado soy yo. Sonríe. Y corre por la escalera que desaparece con
ella.
Inception. Me recordó a ésa excelente película (para mi gusto). Muy bueno, cortito pero bueno.
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