variopinto

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Pleasure giver

Pleasure giver
(Por Gerardo Galvez)

Bajó de la camioneta a una cuadra de su hogar.
Llevaba su bolso, su paraguas, sus compras del mercado, y con una prisa encubierta abrió la puerta de su apartamento .

Inspeccionó en su entorno: La sala, el comedor, la cocina, el cuarto, el baño : todo en órden.

En la cocina sacó sus compras. Era viernes a las siete de la noche. Un fin de semana en soledad. El sábado tomaría camino al mercado, después a almorzar con su sobrino, y al atardecer a su misa de seis.

Tomó su botella de vodka, sus galletas de soda y su queso Camembert, y los llevo a su cuarto.
Prendió la tele para que hiciera de sonido de fondo, mientras llenaba la bañera de agua caliente y se desnudaba para tomar su baño: su ritual de viernes.

Sacó de su armario la caja desgastada, alargada, gris. En letras rojas la inscripción : “The Pleasure Giver”. Su amigo por tantos años desde que lo encontró en el armario de su madre, allá por los años ochenta, dos semanas después de que ella falleció y ese hallazgo la sorprendió:

- Su Santa madre utilizaba ese aparato?- Penso para sí.

Lo observó mucho tiempo, y no tomaba la decisión. Muchas dudas en su mente, confusión, remordimiento y temor .
Lo decidió utilizar un buen día cuando las pasiones la abatían. De allí la adicción, de allí su rito semanal de buscar un placer escondido, desconocido, prohibido.

Las monjas del Colegio habían pregonado que la Masturbación era Pecado Mortal, que iría a quemarse al Infierno por el resto de sus días.
Prefería aquel infierno futuro , que el presente de amar a otro. De esperarlo, de complacerlo, de servirlo , de entregarse a él en cuerpo y alma y no ser correspondida. Asi le paso con aquel su jefecito, que la visitaba, la cotejaba, la conquistó, lo tuvo encima de ella y en el momento del climax, después de tres minutos se dispuso a dormir.

Al dia siguiente de ese encuentro, el “Jefecito” la ignoró hasta que ella se percató de que era un hombre honorable, ejemplar esposo y padre de tres niños que adoraban al Santísimo en Candelaria.

Ese día abrió el aparato eléctrico y torpemente lo utilizó: Pero los tres orgasmos que tuvo, el acariciarse ella misma, sin que manos ajenas le tocaran sus pechos, sin exigencias, incomodidades, y dolores , hicieron que ese aparato fuera el centro de su actividad sexual. Se especializó en utilizarlo para ella, descubrió que su sexo era mas intenso, que sus zonas eran mas sensibles, experimento en ella misma placeres que no podían ser suplidas por otro, que al final del encuentro , se despediría de ella, con un beso en la frente y la abandonaría con alguna excusa de poca credibilidad.

Y se sumergía en su tina de agua caliente, y se aplicaba el “ Pleasure Giver” por sus partes bajas, mientras en sus partes altas se acariciaba sus pechos , su cuello, y sus labios se comprimían de placer profundo y frenético.
En su rito se encontraba cuando esa noche se quedó sin energía eléctrica... Ella quedó estática, con el aparato dentro de su cuerpo y una mano en su pecho desnudo.

Esperó cinco minutos con la esperanza de que fuera solamente un apagón temporal , hasta que el agua de la tina comenzó a enfriarse y ella salió de allí para prevenir un severo resfrío.
Se puso la bata, prendió una veladora y se acercó a la ventana: Apagón general.
En las ventanas de los vecinos alcanzaba a observar la iluminación tímida de las candelas y veladoras. Los niños salían a la calle a jugar, en defecto de la televisión y los videojuegos.

Prendió un cigarrillo, se sirvió vodka y galletas para esperar que regresara el fluido eléctrico, seguir en su rito y así espero media hora…
Sentada en la ventana, decidió probar con sus dedos: No era lo mismo. No encontraba sus zonas y a cambio de eso la viscosidad de su parte baja la asqueó: No, era el “Pleasure Giver” el que conocía y sabía utilizar.
Pensó que en un “Sex Shop” aquel llamado “Adán y Eva” existía una versión mas moderna del “Giver”, ese accionado con baterías triple A inalámbrico y no dependiente de tomacorrientes.

Le dio pena y vergüenza comprarlo, porque no querían que pensara el dependiente que era una “puta solitaria y desviada” que se abastecía de objetos de placer. Aparte de idear como hacerlo llegar a la casa, o de que lo encontrara su sobrino, como encontró ella el de su difunta madre.

En esos pensamientos estaba, cuando miró el cielo y apreció las estrellas que con la ausencia del alumbrado eléctrico , eran más cristalinas. Escuchó los ladridos de los perros, el sonido de los grillos de su pequeño jardín.
Cerró los ojos y pudo escuchar y sentir el ritmo de su corazón. Apreció el silencio de su sala, las luces de los vehículos alumbraban su sala y apreció las luminosidades multicolores que se reflejaban en los adornos y cuadros que la rodeaban.

Las lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas sin ella quererlo.
Se dio cuenta en ese momento que muchas cosas que el “Pleasure Giver” no le proporcionaba. Cosas dignas de ser observadas, pequeños detalles que no había apreciado, ni compartido.
En ese momento, en esa soledad, en medio del sorpresivo apagón, experimentó otra forma de auto complacerse sin necesidad de su “Proveedor de Placer”…

Pleasure Giver - Editado

Pleasure Giver - Editado
(Por Gerardo Gálvez)


Bajó de la camioneta a una cuadra de su hogar.
Llevaba su bolso, su paraguas, sus compras del mercado, y con una prisa encubierta abrió la puerta de su apartamento .
Inspeccionó en su entorno: La sala, el comedor, la cocina, el cuarto, el baño : todo en órden.
En la cocina sacó sus compras. Era viernes a las siete de la noche. Un fin de semana en soledad. El sábado tomaría camino al mercado, después a almorzar con su sobrino, y al atardecer a su misa de seis.

Tomó su botella de vodka, sus galletas de soda y su queso Camembert, y los llevo a su cuarto.
Prendió la tele para que hiciera de sonido de fondo, mientras llenaba la bañera de agua caliente y se desnudaba para tomar su baño: su ritual de viernes.
Sacó de su armario la caja desgastada, alargada, gris. En letras rojas la inscripción : “The Pleasure Giver”. Su amigo por tantos años desde que lo encontró en el armario de su madre, allá por los años ochenta, dos semanas después de que ella falleció y ese hallazgo la sorprendió:

- Su Santa madre utilizaba ese aparato?- Penso para sí.

Lo observó mucho tiempo, y no tomaba la decisión. Muchas dudas en su mente, confusión, remordimiento y temor .
Lo decidió utilizar un buen día cuando las pasiones la abatían. De allí la adicción, de allí su rito semanal de buscar un placer escondido, desconocido, prohibido.
Las monjas del Colegio habían pregonado que la Masturbación era Pecado Mortal, que iría a quemarse al Infierno por el resto de sus días.
Prefería aquel infierno futuro , que el presente de amar a otro. De esperarlo, de complacerlo, de servirlo , de entregarse a él en cuerpo y alma y no ser correspondida.
Asi le paso con aquel su jefecito, que la visitaba, la cotejaba, la conquistó, lo tuvo encima de ella y en el momento del climax, después de tres minutos se dispuso a dormir.
Al dia siguiente de ese encuentro, el “Jefecito” la ignoró hasta que ella se percató de que era un hombre honorable, ejemplar esposo y padre de tres niños que adoraban al Santísimo en Candelaria.

Ese día abrió el aparato eléctrico y torpemente lo utilizó: Pero los tres orgasmos que tuvo, el acariciarse ella misma, sin que manos ajenas le tocaran sus pechos, sin exigencias, incomodidades, y dolores , hicieron que ese aparato fuera el centro de su actividad sexual.
Se especializó en utilizarlo para ella, descubrió que su sexo era mas intenso, que sus zonas eran mas sensibles, experimento en ella misma placeres que no podían ser suplidas por otro, que al final del encuentro , se despediría de ella, con un beso en la frente y la abandonaría con alguna excusa de poca credibilidad.
Y se sumergía en su tina de agua caliente, y se aplicaba el “ Pleasure Giver” por sus partes bajas, mientras en sus partes altas se acariciaba sus pechos , su cuello, y sus labios se comprimían de placer profundo y frenético.

En su rito se encontraba cuando esa noche se quedó sin energía eléctrica...
Ella quedó estática, con el aparato dentro de su cuerpo y una mano en su pecho desnudo.
Esperó cinco minutos con la esperanza de que fuera solamente un apagón temporal , hasta que el agua de la tina comenzó a enfriarse y ella salió de allí para prevenir un severo resfrío.
Se puso la bata, , prendió una veladora y se acercó a la ventana: Apagón general.
En las ventanas de los vecinos alcanzaba a observar la iluminación tímida de las candelas y veladoras. Los niños salían a la calle a jugar, en defecto de la televisión y los videojuegos.
Prendió un cigarrillo, se sirvió vodka y galletas para esperar que regresara el fluido eléctrico, seguir en su rito y así espero media hora…

Sentada en la ventana, decidió probar con sus dedos: No era lo mismo. No encontraba sus zonas y a cambio de eso la viscosidad de su parte baja la asqueó: No, era el “Pleasure Giver” el que conocía y sabía utilizar.
Pensó que en un “Sex Shop” aquel llamado “Adán y Eva” existía una versión mas moderna del “Giver”, ese accionado con baterías triple A inalámbrico y no dependiente de tomacorrientes.
Le dio pena y vergüenza comprarlo, porque no querían que pensara el dependiente que era una “puta solitaria y desviada” que se abastecía de objetos de placer. Aparte de idear como hacerlo llegar a la casa, o de que lo encontrara su sobrino, como encontró ella el de su difunta madre.
En un impulso abrió de par en par la puerta de su balcón, con su respiración agitada todavía de la truncada ceremonia; miró al cielo y apreció las estrellas que con la ausencia del alumbrado eléctrico , eran más cristalinas. Escuchó los ladridos de los perros, el sonido de los grillos, y con la bata semiabierta por el viento, con su desnudez expuesta, sintió como las hojas de la buganvilia que había sembrado su madre, le acariciaban los senos. Como las enredaderas la tomaban por las piernas y lentamente subían en dirección a su sexo. Se dejó llevar por la leve brisa de la noche y permitió que besara sus hombros, mientras el perfume del “huele de noche” se mezclaba en su olfato. Con el rostro alzado, donde por su cuello pasaba la brisa, permitía que la noche la poseyera sin ella tocar sus zonas, sino permitir que todos esos fenómenos y acontecimientos la condujeran, hasta que llegó el orgasmo y volvió la energía eléctrica …

Con el pudor de verse expuesta en su desnudez ya que las luces de su apartamento se encontraban prendidas , y en su letargo posterior a su autocomplacencia , se cubrió el cuerpo con su bata, cerró la puerta del balcón y se dirigió presurosamente a su baño.
En su pequeño trayecto se sintió completa: Como la Ofelia que flotaba en nenúfares , como la Amazona que recorría la selva, como la Afrodita renovada y tomó su “Pleasure Giver”, lo puso en su caja cincuentera, la besó, le agradeció profundamente su compañía y ayuda, abrió el ducto de la basura y por allí lo tiró …

Algo que hace hervir mi piel, me hace desvariar y me domina

Algo que hace hervir mi piel, me hace desvariar y me domina
(Por Juan Pensamiento)

Cincuenta y siete minutos lleva Aura Marina esperando que la atiendan en la sucursal de la Empresa Eléctrica de Mega Centro. Eso, más las casi dos horas que le tomo el viajecito en dos camionetas, ya la tienen bastante malhumorada (“como la gran puta”, diría la propia Aura Marina), aunque al menos está sentada. Pero el culo dormido y caliente también es incómodo, aunque no lo sea tanto como tener los pies entumecidos y palpitantes, que de todas formas también le duelen por los taconazos amarillos que ya no se le ven tan nuevos. Se los estrenó hace algunos meses, para la fiesta de Katterin, su hija mayor. No le queda mucho tiempo: en un rato comienza su turno en el hospital.

Una gota de sudor le baja desde el fleco y le acaricia la oreja de enorme arete morado. Se la seca con dos dedos, que le quedan mojados. Se los limpia en el pantalón de lona. Cualquiera que la ve la percibe, acertadamente, como una de esas tantas mujeres vulgarmente arregladas que huelen a perfume de rosas. Es guapa, todavía, pese a estar empezando los cuarenta. La piel morena, jamás ceniza, es de un tono un poco más oscuro que lo que el guatemalteco promedio considera bonito y nunca tuvo la excusa de decir que de chiquita fue canche, para sentirse un poco más fina; entonces, nunca se sintió fina. Mejor, porque nunca lo ha sido y su mamá siempre fue muy clara en hacérselo saber. Los labios fucsia no logran esconder la preocupación. Su mamá ya lleva tres días enferma del asma y el buen dinero extra que se ganó hace unos meses ya se acabó, por los quince años de la nena. La humedad de la casa está peor que nunca por culpa de las lluvias y mudarse a otra parte es imposible ahorita, sin pisto. Tienen un nebulizador que compraron usado y funciona bien, pero con la luz cortada, no sirve de nada y bañarse con agua fría tampoco le cae bien a la señora. Aura Marina respira fuerte por la rabia y hace como que no ve que la mujer de al lado la está viendo con desprecio, para que haga menos bulla. Ve hacia abajo y se da cuenta que sus propios tacones están llenos de lodo. Maldita colonia. Maldito hijueputa. Maldito trabajo. Maldita vida de mierda.

Odia pasar la vergüenza de venir otra vez a la Empresa Eléctrica a hacer un convenio de pago y que le reconecten la luz pagando sólo la factura vencida, para la que logró conseguir algo de pisto. Pero todavía debe el colegio de las hijas. Y la renta. Y a la señora que vende verduras en la esquina. Y la carne. Y al doctor que llega a ver a su mamá cuando está muy mala. Y el pan. Y su pantalón de lona. Y, y, y... y su número es el siguiente. Noventa y siete ge-posición doce, suena la voz robótica femenina.

Aura Marina va y se sienta enfrente de la señora de la posición doce, la misma que una vez, hace poco, le negó el convenio de pago porque no permiten hacerlos tan seguido. Esta vez no se lo niega y Aura Marina, que ya sabe el trámite, por supuesto, con recibo en mano se dirige al banco a pagar, rogando que no haya mucha cola. Pero sí que la hay. Siente hambre y se acuerda de lo deliciosa que estuvo la comida de la fiesta de Katterin, de lo rico que sintió tener plata para eso y para mucho más, aunque sea por un tiempo, incluyendo sus tacones amarillos. En un parpadeo lo decide: va a llamar a Josué, que lleva semanas ofreciéndole un trabajito como el de la vez pasada. Cuando llega a la caja, Aura Marina ya está sonriendo tranquila. Sabe que Josué le pagará bien por sacar a otro recién nacido del hospital, que, de todos modos no cuesta nada porque nadie se fija y nadie investiga después. Y sabe, además, que ese niño, cuya cara preferirá no ver, crecerá mejor con los gringos pistudos que lo quieren adoptar que con la madre que no pudo parir sino entre la mugre del hospital público. Después de todo, piensa, es algo bueno. Tan bueno como que mañana ya tendrá otra vez luz en su casa y las cuatro podrán bañarse con agüita caliente.

Corriente

Corriente
(Por Manuel Solórzano)


Hoy cumplo 4 años, por lo menos eso oí decir, algunos dicen que en realidad son 28, eso me tiene un poco confundido pero en todo caso Marito dice que hoy hace 4 años llegué a la casa y por eso están celebrando. Díganme si no es extraña la vida.

Parece que fue ayer cuando me abrieron las puertas de esta casa, mis días de vagabundo habían terminado, jamás me había imaginado que se pudiera vivir así. Comer dentro de casa, dormir sin frio, hasta me entretengo viendo televisión y por las noches juego con un zapato que me regaló Marito.

Casi todos los domingos vamos a pasear, allí he conocido a varios amigos de Marito quienes también van paseando con otros perros. Allí me enteré que soy popular, de una raza que a todos les gusta. Eléctrico. Casi siempre es lo mismo, “que lindo tu perrito, ¿qué raza es?”. Eléctrico – responde Marito. Siempre se ríen y me ven con cara de amigos. Así que supongo que mis antepasados han de haber sido unos perros muy queridos. ¡Si supieran que antes de ser famoso fui un vagabundo!

Patojo chispudo

Patojo chispudo
(Por Juan Piedrasanta)

¡¡¡GOOOOOOOOLL!!! Gritaba en su mente Javier, cada vez que pateaba una tapa de soda mientras caminaba a su escuela.

Javier es –como solemos llamarles en Guatemala– un patojo chispudo.
Estudia por las mañanas el tercer año de secundaria; por las tardes trabaja con su padre que es electricista… un tipo corriente. Y por las noches, hace sus tareas y juega con su perro; que más que perro es un chucho eléctrico, de esos que no tienen raza.

Javier trata de distraerse y relajarse antes de llegar a la escuela, pues sabe que es día de entrega de calificaciones. Trata de divagar un poco antes de las malas noticias, porque está al tanto que en su libreta habrá un tono rojo predominante; ha perdido todos los cursos. Ha estado un poco distraído con eso del fútbol, y ha pasado el tiempo de hacer tareas pensando en su novia.

Ya escucha en su mente la voz de su madre regañándole y diciendo ¡¿Pero qué pasa contigo?! ¡Estás castigado, no saldrás ni un minuto hasta que me entregues esa libreta con todos los cursos aprobados!
Ya escucha también las burlas de su hermano, que siempre saca excelentes calificaciones.
Pero todo eso no importa, lo que en realidad le aterra sobremanera, son los golpes que le dará su padre con el cable de la electricidad. La última vez que le pegaron con el cable pasó un mes llevando una pequeña almohada a todas partes a donde iba; y aún usando la almohada, aguantaba estar sentado únicamente diez minutos.

Es ese cable el que no logra sacar de su mente.
Antes le pegaban con un cincho pero Javier lo escondió. El resultado fue peor, porque a su padre se le ocurrió usar el cable como cincho y le dio doble; por mal portado y por haber robado el cincho. Pobre Javier.

***
Sólo espera que la maestra mencione su nombre para comenzar a prepararse psicológicamente.
Por fin le llaman y mientras camina a recoger su libreta, ve en los ojos de la maestra una expresión extraña, como un sentimiento entre lástima por los golpes que le darán, y gracia porque sabe que tendrá que usar la almohadita de nuevo.
Javier abre su libreta sin titubear, la preocupación invade su rostro e inclina hacia abajo su cabeza.

***

– ¡Quiero ver tu libreta! –Grita su padre al regresar a casa.–
– Está bien papá, pero antes, hay algunas cosas que debo decirte.
– ¡¿Qué cosas?!
– Me sacaron del equipo de fútbol por fracturar a otro jugador. Y como no sucedió mientras jugábamos, sino en una pelea durante la clase de español, me expulsaron de la escuela. Pero eso no es todo... también expulsaron a Adriana, mi novia, porque está embarazada... seré papá. Y lo peor de todo, estoy pasando por una crisis con mi problema de alcoholismo… sólo quería que lo supieras.

Su padre rápidamente cambió su expresión. Pasó de enojo a lástima y preocupación. Comenzó a llorar y a pedirle perdón por no ser un buen padre. Pedirle perdón por ausentarse tanto a causa de su trabajo. Por haberlo lastimado física y emocionalmente. Lloraba inconsolablemente.
Javier dijo:

– Lo siento papá, nada de eso es cierto. Sólo quería hacerte ver que una libreta llena de malas calificaciones no es tan mala después de todo.

Ahora, Javier lleva su almohadita a todas partes, sólo que esta vez lo hace por orden del médico, y tendrá que usarla de por vida.
Eso le pasa por tratar de pasarse de chispudo.

Faros Rojos

Faros Rojos
(Por Edy González)

Te agradezco Dios por haberme dado la oportunidad de avanzar,
te doy gracias por todo cuanto haces y has hecho por mi,
te pido por que no me abandones y me ayudes en este nuevo día, ¡amen! Termino diciendo Jeff Becker, vendedor de seguros para Global Green Life , quien se dirigía a su trabajo al bajo Manhattan.

Sonriente y confiado (por las últimas buenas cuentas que había logrado), tomaba de las manos a sus hijos, a quienes llevaba a la escuela de camino al trabajo.

- ¡Adiós princesa ¡ pórtate bien, come tu refacción y nada de estarte haciendo pipi sobre los suéteres de tus amiguitas, si quieres ir al baño, dile a la maestra, ¿okay?
- ¡ Okay Daddy! Respondió la infante, dándole un beso a Jeff y corriendo en dirección a la escuela.

Habiéndose despedido de su pequeña hija, prosiguió a despedirse de su primogénito:

- ¡Hijo! Usted es el mayor, cuide a su hermana y por favor nada de estar invitando a cenar a la maestra, eso que haya pasado a tercero primaria no significa que ya tengas dinero, ¿entendido? Concluyo disidiendo Jeff tomando a su hijo con ambas manos por la cabeza, le estampo dos besos, uno en la frente y otro en sus labios, tal y como lo hacía desde que eran bebes, haciendo esto, le dejo partir…..Adiós papá dijo desde lejos, su hijo mayor, para luego desaparecer entre los muchos niños que ahí habían.

Antes de entrar al edificio donde Jeff trabajaba, llamo a su esposa, para informarle que todo estaba bien con los niños y que ya se disponía a entrar a su trabajo…

- Bueno mi amor, te dejo porque se me hace tarde…dice Jeff a su esposa
- ¡Un segundo! No cuelgues… ¿estas ahí? Aló…
- Si, linda te escucho…
- He estado pensando y creo que ya es hora de tener otro huésped en casa, ¿Qué te parece?
- ¡Aja, ja ¡ picarona, con que anhelas a tu hombre?...eres una fiera!....dice Jeff en forma de broma, pero emocionado por la propuesta
- Entonces? Que dices? Te espero desnuda ó en lencería?
- Espérame en diminuto negro! Veré que hago para escaparme, okay?
- Acá te espero! No tardes!

Alrededor de las diez de la mañana, alguien llama a la puerta de su oficina…

- Noc, noc, noc
- Adelante ¡ dijo Jeff arreglándose su saco
- Me pidió el señor Hoover que le entregara esto y que lo espera en su oficina en quince minutos…dijo la secretaria
- Gracias Abby, dijo Jeff, extendiendo su brazo para recibir el sobre… al salir la secretaria….. Jeff, rápidamente se puso de pie y con ansiedad prosiguió a leer el sobre:

Estimado Jeff, gracias a sus magníficos números, ha sido elegido para que inicie su propia línea de ventas, ahora en California, te espero en mi oficina, con estima, Sr. Hoover, termino de leer…

Como loco, saltaba de emoción y satisfacción, con sudor en sus palmas, tomo un poco de aliento y se puso en marcha a la oficina del “Gran Jefe”, el Sr. Hoover, quién nunca los visitaba, más que para promover o despedir a alguien…

-Noc, noc,noc
- Adelante Jeff, dijo el Sr. Hoover
- Al entrar, observo al Sr. Hoover descalzo y caminando sobre un tramo de césped natural…un gusto en conocerle Sr. Hoover dijo Jeff, pensando en ese trozo de césped en pleno piso noventa
- NO Jeff ¡el gusto es mió, diciendo esto, señalo el sofá que estaba dentro e hizo sentar a Jeff tan sólo con un gesto…
caminando despacio, descalzo, con un pie tras otro el Sr. Hoover decía:

- Ya sabes porque te envié ese sobre, pero no sabes, porque estas aquí …es simple, te envié a llamar porque quiero invitarte a una copa para celebrar tu nueva línea de ventas en California… ¿que dices? ¿A donde te gustaría ir a comer?
- Sin pensarlo y muy espontáneos Jeff contesta…Gracias Sr. Hoover, pero ya quedé con mi esposa en llegar a celebrar a casa, al decirlo solo pensaba en su rubia esposa desnuda, esperando por el…

Al escuchar eso, el Sr. Hoover quedo en silencio, sin dejar de caminar de un lado a otro sobre su tramo de césped…
El silencio hizo repensara Jeff ¿“que hice”? quería retractarse, pero no sabia como, entre su titubeo, hablo el Sr. Hoover

- ¿Sabes Jeff? Nunca antes nadie me había rechazado una copa, la ultima persona que lo hizo fue mi esposa, ya hace mas de diez años, es decir lo que llevo de divorciado…supongo que eres un hombre de familia y respeto tu sinceridad, hace mucho tiempo nadie es sincero conmigo…hace mas de diez años, creo!
- Disculpe Sr. Hoover, si gusta puedo hacer un espacio, para que podamos almorzar juntos…dijo apenadamente Jeff
- ¡Jeff por favor!! No sea pusilánime! Mire que ya me empezó a caer bien…dijo el Sr. Hoover
- Avergonzado y sonriendo Jeff sonrojo…
- Bueno, entonces no queda mas que hablar, le felicito y espero solo éxitos de usted no lo olvide… diciendo esto sacó sus pies del césped y estrecho la mano de Jeff y con este gesto lo invito a salir de su oficina…
- Muy agradecido Jeff, dio media vuelta, caminó hacia la puerta, la abrió y antes de salir…
- ¡Sr. Becker! … una cosa más , añadió el Sr. Hoover
- ¿Si señor? Pregunto Jeff
- Viene usted en auto... pregunto el Sr. Hoover
- ¡No Sr.! Lo dejo en casa, vengo en el metro…contesto extrañado Jeff
- ¡Perfecto! Entonces vaya por sus cosas, yo lo llevo a casa…dijo el Sr. Hoover
- Sin querer negarse una vez más, Jeff no tuvo mas remedio que callar y aceptar la extraña propuesta de aquel magnate.


Caminaban juntos entre las oficinas, en dirección al elevador, hablando de los Yankees, ambos esperaban por el elevador, Jeff dejo pasar primero aquel hombre de cabellera gris.

Bajando por el elevador hablando de trivialidades y con los ojos puestos en el indicador de pisos… pensaba Jeff, en llevar a su familia a Alaska para celebrar, mientras el Sr. Hoover hacia nostalgia por su ex esposa…

De pronto y en medio de su platica, se escucho el sonido intenso de un trueno, casi ensordecedor, las luces se escaparon al instante, solo las tenues luces rojas de emergencia parpadeaban en aquel elevador, enmudecidos y sin electricidad, empezaron a oprimir botones como locos, nada funcionaba, todo era oscuridad y ruidos sin sentidos, algunos gritos penetraban las puertas de metal de aquel elevador, gente golpeaba tratando de entrar, pasos como de estampida vibraban a través del metal…

- ¡OH Dios! Quedamos atrapados, exclamaba y repetía una y otra vez Jeff, ..ambos trataban sin éxito comunicarse a través de sus celulares… ¡Habían pasado largos tres minutos!
- Ambos pensaban y trataban de abrir aquellas puertas de metal, cuando de pronto se sintió el olor a alambres quemados…!sintieron Pánico! Veían como en frente de las luces de emergencia caminaba un humo espeso.
-
- Desesperado, Jeff, se quito su camisa, abrió su pantalón y empezó a orinar en ella, mientras lo hacia le explico al Sr Hoover que hiciera lo mismo, sin demora ambos yacían de rodillas con su camisa tapando sus bocas y sus narices, con las luces de sus celulares alumbraban solo para ver como iba el humo
- Jeff, ¡Penso que era el fin! Empezó a orar diciendo en voz alta….Gracias te doy Señor Dios, por haberme dado una vida tan plena, te agradezco por mostrarme a mis hijos y por obsequiarme una esposa, también te pido por ellos, para que los guardes, los llenes de valor y fe y los encamines con tu mano a donde yo ya no puedo. ¡ Ahora Señor! ayúdame a mi y al Sr. Hoover a aceptar nuestra muerte y a conocer por fin la luz de tu rostro…
-
- Al escuchar esto.. el Sr. Hoover se puso a gemir en medio de ese
- olor a orines y cables quemados…!No quiero morir! decía angustiado, ¡por favor Dios! ¡ no quiero morir!
- Al escucharlo, Jeff sintió pena por el y le apretó su mano diciendo… ¡ todo va estar bien Sr. Hoover! ¡Tenga fé!
- ¿No entiendes? ¡No estoy listo para morir! Exclamo el Sr. Hoover llorando
-
- Jeff, se lleno de pena por aquel hombre, pensó un instante y dijo, ¡Dios ayúdame! amarro su camisa por detrás de su cabeza, se puso de pie y se paro sobre el Sr. Hoover
- El Sr Hoover no sabia lo que Jeff hacia, pero sabia que era para bien, puso firme su cuerpo y dejo que Jeff lo usara de apoyo…
- Con todas sus fuerzas Jeff se colgó con sus dos manos de la cámara de seguridad…, la cámara se vino abajo y logro abrir un orificio por donde el humo empezó a salir…las luces rojas brillaban más… se dieron cuenta que la hendidura de las puertas ya no ofrecían tanta resistencia, el Sr. Hoover se quito el cinturón y con su hebilla extravagante, hizo palanca, para poco a poco entre los dos, ir abriendo el ataúd plateado… el humo empezó a salir, por fin lograron ver sus rostros incrédulos y ahora llenos de esperanza…

Estaban a punto de escapar cuando se escucho otro gran estruendo, pero esté, se escucho a más distancia, a los segundos un apagón definitivo se llevo las luces rojas de emergencia que quedaban…
¡Ayúdanos Dios! Dijo el Sr. Hoover, esperando por fin ver la salida…

Con la muerte pisándoles los talones ambos hombres dieron lo mejor de si, logrando salir de aquel cubo metálico, ignorando en que piso estaban, buscaron las escaleras y siguieron la multitud hacia la salida.
Al salir de las torres y puestos fuera del peligro por los bomberos, empezaron a observar con horror como aquellas torres se incendiaban…y cada uno sabía lo afortunado que era, al ver la gente tirándose de los edificios. El señor Hoover se hecho sobre sus rodillas y empezó a orar en voz baja, .Jeff solo lo veía.

Esa noche Jeff no durmió, dándole gracias a Dios por poner al señor Hoover en su camino, gracias a él, olvido su resignación por morir y lucho por estar de vuelta en casa.

En otro cuarto mas lujoso el Sr. Hoover no dejaba de agradecer a Dios por su vida y de haber puesto a Jeff en su camino pensaba que gracias a él, Dios los había salvado, y pedía por tener el alma en paz , para poder encarar a la muerte con la misma resignación, que vio en Jeff Becker .

Tres años después, Jeff vive en California con su familia, ahora con un pequeño huésped más… y cada vez que se despide de su esposa, susurra a su oído, ¡espérame desnuda!

El señor Hoover por su parte, abrió la fundación “Red Light” (en recordatorio a aquellas luces rojas que mantuvieron su esperanza), además dejo de tomar alcohol y bebidas sintéticas, por si alguna vez debe orinar de nuevo sobre su camisa.

Respuesta

Respuesta
(Por Patricia Cortez)

Cuando Gabrielito nació mi madre puso el grito en el cielo. Es que con Silvana, Miguel, Andrea, Virginia y yo ya tenía suficiente trabajo y se le hacía difícil mantenernos haciendo frente a la desidia de mi padre. Silvana, Miguel, Andrea y yo ya íbamos a la escuela y ese septiembre me tocaba llevar la bandera, me sentía super orgullosa y me puse feliz cuando mi padre, en un arranque de responsabilidad me compró los guantes blancos y la blusa nuevecita con moña en el cuello que me habían pedido, los zapatos negros los mandaron a cambiar de suela y el zapatero me los dejó como nuevos, la falda todavía tenía bastante ruedo, mi madre pasó la noche arreglándole la orilla y haciéndole un remiendo invisible en medio de los paletones para que no se notara una rasgadita que le hice jugando tenta cerca de un rosal, me iba a ver linda con mis colitas azules.

A medio día mi madre se sentía cansada, aunque no lo expresaba y mientras yo le daba la pacha a Gabrielito ella comenzó a planchar los uniformes para el desfile cuando de repente se fué la luz. Mi madre pegó un grito y empezó a repetir "es una fregadera, tan cara que la cobran y nunca funciona, y se fué para el patio a buscar una reliquia que le había dejado mi bisabuela y a la que recurría cada vez que pasaba esto de la luz o cuando nos la cortaban. Miguel y Andrea la miraban con la boca abierta mientras levantaba la palanca de gallito y llenaba de carbón la plancha que luego encendía con un trocito de ocote, la veíamos agarrar un soplador y darle duro aire a la plancha que despedía chispitas y un olor a ocote llenaba el cuarto. Dejó la plancha sobre su soporte de metal mientras las brasas se acomodaban y la plancha se volvía usable.

En unos minutos tomaba la plancha de carbón con un trapo para no quemarse y comenzaba con el pantalón de Miguel y la faldas de Andrea y Silvana, dejó las blusas para el final cuando la plancha se enfriara un poco. El zumbido de la refrigeradora nos anunció que la luz había vuelto, y el chisporroteo de la plancha electrica que se había quedado conectada y ahora estaba con el cable derretido pegado a la plancha de carbón.

MIERDA. Me asusté porque nunca había oído a mi madre decir una palabrota, revisó la plancha arruinada y alejó a los niños para que no se quemaran mientras sacaba la mitad del cable del enchufe, los otros se reían y yo seguía dándole la pacha a Gabrielito. Sonó el timbre y mi madre salió a atender siempre diciendo malas palabras en voz baja, "Señora, traigo planchas a crédito, ollas de presión, colchas de seda, ¿quiere ver?"

Mi madre siempre despedía a los vendedores con un "tal vez ahora no", pero se le encendió la mirada y tomó aquella plancha de vapor, nuevecita, la sacó de la caja y se le quedó viendo, luego preguntó cuanto costaba y le dijo al señor "¿no me la puede dejar para que la vea mi esposo y mañana le digo si la compro?". El hombre le dijo que estaba bien y dejó la plancha, inmediatamente mi madre sacó al patio la plancha de carbón y le roció agua, luego conectó la plancha nueva y me dijo "que bueno que vino ese señor, con la plancha de carbón iba a quemar tu banda de abanderada y la blusa nueva que es de dacrón de Seda".

Una hora más tarde había terminado de planchar todo, mi padre no vino a cenar y yo me preguntaba que iba a pasar con la plancha tan bonita, al día siguiente fuimos al desfile, me tomaron fotos de esas que se revelan en el ratito y mi padre las compró, regresamos a almorzar sin él.

Como a las 4 apareció el señor, mi madre estaba descansando pero ya me había dicho que decirle, le entregué la caja con la plancha adentro y le dije "dice mi mamá que siempre no le va a agarrar la plancha, que tal vez otro día y que muchas gracias".

Un ángel eléctrico

Un ángel eléctrico
(Por Lester Oliveros R.)

A todos los amigos que aparecen siempre en mis ficciones
Un nuevo acorde
te hace mirarme a los ojos
aún tengo al sol
para besar tu sombra
Angel Eléctrico, Soda Estereo.

La vecina Norma Chamalé, fue la primera que reportó el extraño caso a la policía. Ella, junto con el mecánico Mariano Cantoral, fueron los dos primeros que reportaron a los bomberos y a las autoridades el extraordinario suceso. Silvia Fortin dijo que necesitaba retirar dinero del cajero automático, cuando vio, desde la acera, a la pareja tirada en el suelo, aún abrazada y sin ropa, y la calle acordonada por una fila de policías que pretendían ocultar a los cadáveres de los curiosos vecinos.

Un indigente que pernoctaba todas las noches en aquel cajero automático y que se identifico como Manuel Tzoc relató asustado todo lo sucedido a las 3 de la mañana de un día viernes. Dijo que como siempre había llegado a dormir al cajero, pero se detuvo al oir los gemidos de amor de una pareja que cogía sin pena de que los vieran; como no tenía nada que hacer se sentó a esperar que terminaran (porque siempre había más de alguien haciéndolo y luego se iban), pero de pronto vio chispas que salían de la puerta y luego se fue la luz en toda la colonia. Eso fue lo que dijo y huyó. Algunos terminaron contando que en efecto había agarrado fuego la pareja, pero que por el corto circuito, salían chispas y billetes de a cien. Ahí esta el misterio de que al indigente ya no se le viera dormir en el lugar del siniestro.

Se supo por la Dra. Carlota Ramírez y el encargado de la morgue central Dorian Lima, que por el sudor producido al practicar sexo en una cabina de cajero automático, la pareja murió electrocutada en el mismo momento en el que llegaron al orgasmo, por los electrolitos que destilaban de las manos de la mujer al sostenerse del cajero. Un paramédico, que no quiso ser identificado, relató poco a poco como tuvieron que separarlos, y una vecina identificada como Diana Morales expresó su tristeza cuando vio tras las quemaduras, pese al terrible accidente, que los dos sonreían eufóricamente.

Muchas parejas siguen visitando el santuario de los enamorados, algunos llegan de noche, con la esperanza de rememorar toda la escena.

La verdad sobre la mentira

La verdad sobre la mentira
(Por Olga Contreras)

Me pidieron que hiciera este ensayo sobre la mentira, siendo yo un profesional en este asunto. La palabra mentira en lo personal no me gusta, lleva mucha carga de negativismo y culpa. A mí me gusta más decirle fantasías, ficción, invención, pero para los efectos del presente seguiré usando esa palabra. Voy a comenzar aceptando y reconociendo que yo no sabía qué tanta energía se necesitaba para llevar este tipo de vida. Con el esfuerzo que hago, por lo menos podría alumbrar una pequeña aldea. Eso de mentirle a medio mundo no es fácil, no se confunda. Es más bien un arte, una ciencia, un poder, un estilo de vida. Tengo que ser bastante creativo y no menos inteligente pues el más pequeño descuido puede echar a perder todo el trabajo que tan cuidadosamente he llevado a cabo. Sería como un corto circuito que quemaría mi casa de naipes. A veces miento tan bien que yo mismo me lo creo y ya no distingo entre la realidad y la mentira. He llegado a perfeccionar tanto este arte que a lo largo de media vida casi nadie se ha dado cuenta de mis engaños. Ojalá pudiera cobrar por esto y poner mi talento innato a trabajar, sin duda sería millonario. Como decía Pope “por cada mentira que diga, necesito veinte más para sostener la primera”. Pero repito que necesita uno ser un lince para estas cosas, no es para cualquiera.

Voy a poner un ejemplo de mis capacidades histriónicas. Llevo más de veinte años de casado, he tenido “n” cantidad de conquistas y mi mujer no se ha dado cuenta de nada, la he mantenido en la total oscuridad. Bueno, a decir verdad me ha cachado en dos o tres movidas, pero todo esto ha sido recientemente y gracias a la maldita tecnología, que fuera de ayudarme en mis planes, me ha venido a jorobar la vida. Pero no ha pasado nada, me cree. Las mujeres lo creen todo si uno sabe tocar los botones adecuados. Media vez uno jure por los hijos y la madre, una lagrimita por aquí y muchos halagos por allá: amigo, estará usted hecho. Para cada persona es diferente, pero para mí siempre mi gancho ante las mujeres es el de jugar el papel de la víctima: que mi esposa es una fiera, me trata mal, no me entiende, no me quiere, estoy con ella por mis hijos, me da lástima por su dura niñez y pasado…en fin, cuando ya les solté todo ese rollo, caen redonditas y deseosas de poder darme el cariño que tanto necesito. Y nada, cuando llega el momento de deshacerme de ellas – ojo: nunca voy a dejar a mi familia, tampoco soy un monstruo- pues sólo les meto el cuento que mis hijos están mal y sufrirán por mí si los dejo al lado de tan desalmada madre y ¡hasta me miran cómo el héroe! Como dicen: “salgo en caballo blanco”.

Pero es cansado, es bastante desgastante, pues a veces ya no sé ni quién soy. Con la edad ya a veces se me cruzan los cables y he estado a punto de meter la pata pues debo admitir que se me olvida qué mentira le he dicho a quien. Por eso insisto en que la energía que uno invierte es considerable, si la Empresa Eléctrica lo supiera, me cobrarían por Kw y allí si no hay dinero que alcance. Total, hago feliz a mucha gente diciéndole justo lo que quiere oír. Es un don de Dios realmente, tener la oportunidad y la satisfacción de darle ilusión a tantas mujeres que se sienten solas y tristes. Me veo a mí mismo como un generador de sonrisas y si uno hace feliz a la gente la mentira deja de ser perversa pues adquiere un fin provechoso. Estas mentiras sirven de algún modo para bajar toda la alta tensión que la vida ya trae consigo, algo así como un aislante de los problemas.

Sé que es un cliché, pero sólo se vive una vez y yo tengo toda la intención de hacerlo bien, de llevarme conmigo todas las experiencias posibles y si la mentira es mi herramienta para lograrlo pues como dicen los gringos so be it.

Instrucciones para escribir un cuento eléctrico

Instrucciones para escribir un cuento eléctrico
(Por Lucía Escobar)

Lo primero que debes hacer visualizar en el enchufe adecuado. Luego derramas agua en el suelo frente al enchufe elegido, te quitas los zapatos y descalzo o descalza te paras sobre el agua. Tomas un alambre de hierro, lo doblas en dos e introduces ambas puntas en el enchufe. Si sobrevives al experimento, te sientas frente a la computadora y escribes tus sensaciones y tus sentimientos. ¿Quién sabe? Quizá hasta logras que te publiquen en alguna revista de pueblo o ganas algún concurso temático.

A mi jefe

A mi jefe I
(Por Fabiola Arrivillaga)

Querido jefe:

Perdone usted la familiaridad pero no puedo menos que decirle querido. Es todo lo que usted implica, su estampa, su rostro, su varonil y bien lograda barriga, que me encantó desde el mismo día que lo conocí, dos semanas después de mi contratación. Yo se que usted siempre me correspondió, que yo le gustaba. ¡Por eso fue siempre el trato extraño hacia mí! Si, no crea que me ofendió con las mil veces que me calló en público o que se burló de una idea mía porque yo se bien que era ocultar la verdad de sus sentimientos hacia mí. Al fin, usted estaba casado y era el jefe, no podía enredarse con una subalterna como yo, ¿verdad?.

Querido jefe, recuerdo cuánto chismorreo cuando me sacó de mi oficina y me puso en un escritorio pequeño con todos los demás. Todos me insistían en que lo demandara por despido indirecto, por bajarme de puesto era como echarme, algunos se rieron de mi sumisión y obediencia. Pero el área común estaba inmediata a su puerta y yo tenía la certeza de que por esa razón me sacó de allá, tan lejos, y me acercó a usted. Soporté con amor sus gritos y sus reclamos, con tal de seguir a su lado.

Cuando su esposa, tan distinguida y buena señora, enfermó, creí que era conveniente irme de la empresa, para no confundirlo a usted en sus sentimientos. Sin embargo, no lo hice porque pudo más mi necesidad de estar a su lado y, aunque fuera en secreto, apoyarlo y darle algún confort. Y cuando murió, todavía recuerdo bien su mirada, terminé de convencerme de su amor hacia mí, por esos ojos llenos de lágrimas que gritaban ¡Abráceme, Silvana!¡La necesito, Silvana!, mientras su boca me reclamaba las cartas mal escritas. Le confieso que muchas veces me equivoqué a propósito, para recibir sus regaños y sus gritos.

Por eso le escribo hoy, querido jefe, para decirle que después de tantos años he decidido renunciar, por fin, a este puesto para dedicarme a cuidar de mi hogar. Sí, querido jefe, ¡acepto casarme con usted!

A mi jefe II

A mi jefe II
(Por Fabiola Arrivillaga)

Sus ojos cansados perdieron el brillo y el peso de la vida cerró sus párpados. Yo estaba a su lado, llorando con mis nueve años de aventurero, con el corazón partido y con rebelde aceptación de Dios y sus designios. El veterinario dijo que era hepatitis, y que era mejor inyectarlo, dormirlo. Pero no lo quería creer yo, ese viejo gran danés me había salvado la vida tres veces (una de las dos recibió el golpe de un carro por mí; la segunda, me haló del pantalón hacia afuera de un charco) y el corazón otras tantas. Jefe llegó a nuestra casa como premio de consuelo al partir mi papá hacia Estados Unidos buscando un mejor futuro. Era apenas un cachorrito juguetón y temeroso, que también figuraba en la remesa, por lo fino que era. Le tocaba la vacuna para la hepatitis cuando a mí me dio una grave enfermedad de la tráquea que provocó una hospitalización de casi cinco días. Mi papá mandaba dinero suficiente, pero no millones, entonces se sacrificó lo de la vacuna para completar la cuenta de las medicinas. Esa fue la tercera vez.
Seguimos creciendo juntos, Jefe y yo, hasta que él se volvió como un caballo. Él fue mi confidente, secó mis lágrimas y alcahueteó mis travesuras. El dolor es demasiado grande para comprenderlo.
Talvez algún día pueda darle las gracias.

Invasión

Invasión
(Por Orlando Gutiérrez Gross)

- Mi vida, ¡hoy te voy a cocinar!

- ¡No!, mejor no.

- ¿Por qué no?

- Mi amor, tu tardas mucho, es cierto que dejas la cocina limpia y todo, pero en mi cocina yo soy el
jefe, ¿sabes que te quiero verdad?, pero me desespera que entres en mi espacio... ¿qué quieres
que cocine?

- ¡Ah puta, hace lo que querrás!.

Una jefa lista...entre otras cosas

Una jefa lista...entre otras cosas
(Por Juan Piedrasanta)

Hace ya 33 minutos que me tienen esperando en esta mesa...
Mi pierna no deja de moverse, el lapicero que tengo en la mano no deja de sonar contra el escritorio.

¡YA, POR FIN! alguien viene... AAAHHH!!! iba a la oficina de la siguiente puerta... ¿Por qué todos entran allí y no aquí?

Que calor...

¿Y si sudo demasiado y causo una mala impresión?! Aah ¡Que importa!

Que espere su mad...

Bueno... en realidad si tengo que esperar; necesito el trabajo.

¡POR FIN! Entró una tipa acarreando una computadora y hablando con alguien que va por el pasillo... Una tipa bonita y risueña, blanca, castaña y con un tono de voz muy agradable...

— Hola, ¿Cómo estás? Me llamo Carmen. Tú eres Carlos ¿Cierto?

— Cierto, Carlos Guzmán, mucho gusto.

Y comenzó la desesperante presentación; el clásico de cualquier entrevista de trabajo...

—"Cuéntame de ti; tus estudios, experiencia laboral y personalidad"... ahhh

Bueno, terminé mi relato hasta cierto punto adornado, —y aunque esto me parece tedioso— en mi cara hay una mirada de interés genuino y una sonrisa que no puedo describir.

Y comenzó a contarme muchas cosas sobre la fundación de la empresa, no recuerdo nada de lo que dijo; lo que si recuerdo son sus ojos y su mirada dulce. Tenía unos lentes finos que la hacían ver interesante, bonita boca pero más bonita su sonrisa... (Mientras hablaba, yo movía la cabeza en señal de aprobación como prestando atención a sus palabras). Hizo una presentación en la computadora mientras yo pensaba en lo bonito de sus manos. Cómo sería si ella fuera mi amiga... mi novia... mi esposa... ¡WOW! eso ya llegó muy lejos; aunque, quién sabe... tal vez de acá pueda salir una historia poco común para contarle a mis nietos, "Conocí a su abuelita cuando me hizo una entrevista de trabajo y la hice mía!!"... mmm los nieto no podrían tolerar esa historia. ¡Que importa lo que piensen los nietos! Sería una buena historia para mi. ¡Pero que bonita es! Sus cejas parecen dibujadas, sus pestañas son grandes y volteadas. Su piel se ve... ehmmm, no se... se ve tan para mi!

De pronto me doy cuenta que ha dejado de hablar y me ve como esperando una respuesta de algo. Pero… ¿Qué le puedo responder? ni siquiera se que me preguntó.

— ¿Perdón? —Dije como si estuviera poniendo atención a lo que decía—
— Pregunté si te gusta lo que has visto de la empresa...

No recuerdo que le contesté, pero recuerdo que pensé "Si tú eres de la empresa... pues me gusta, y mucho"!!

Dijo que mi currículum era aprobado y que ella sería mi jefa inmediata, lo cual me pareció excelente idea. Siempre quise tener una jefa que se viera tan lista... entre otras cosas.
Dijo también que el jefe de ella tomaría la decisión luego de platicar un momento conmigo, lo cual también me pareció excelente idea, pues el trabajo era casi mío para ese momento.
Entró en la oficina entonces el jefe. Un tipo alto, mirada fría y directa a los ojos; un traje caro y un tono de voz que hace parecer niñas a los militares.

— Carlos ¿Cierto?
— Si, Carlos Guzmán, mucho gusto. —contesté pensando "¡¿Qué tan difícil es aprenderse un nombre como Carlos?!" —
— ¿Qué es lo que más te ha gustado de la trayectoria de la empresa?

En ese momento me quedé sin palabras, pues no sabía nada. El tipo me miraba directo a los ojos y pude leer en su pensamiento la frase "Gracias por participar". Mi mente se quedó en blanco. En realidad podía mentir, pero tras esa pregunta vendría otra más específica y no sabría que decir... Comenzó a mover los dedos y sonarlos contra el escritorio mientras yo sudaba más y más...

¡DEMONIOS! ¿Por qué no pudo hacerme la presentación otra persona? no se... alguna mujer fea o cualquier tipo. ¡NO, tuvo que ser ella!... y detrás del tipo estaba ella viéndome. Su expresión pasó de expectativa, a desepción. Se veía tan bonita su cara de desepción... tan desepcionantemente bonita... entre otras cosas.

Dictado de Conciencia

Dictado de Conciencia
(Por Tania Hernández)

Estimados señores no espere ¿sabe qué? pensándolo bien mejor tache estimados y ponga solamente Señores de la agencia tal ya usted pondrá el nombre motiva la presente mi absoluta disconformidad con su servicio siendo que el día de ayer allí va la fecha entre comas arribé de un largo vuelo intercontinental que a pesar de viajar como suelo hacerlo en primera clase me resultó cansadísimo y más aún que tuve que venir trabajando en el avión porque con los empleados tan inútiles tengo me veo obligada a revisar todo dos veces aaaah no, eso no es relevante ¿verdad? regresemos entonces al vuelo largo y cansadísimo y yo que solo quería llegar pronto a mi casa donde me esperaban desde hacía una semana mis hijas y mis dos gatos salgo de recoger mis maletas y me encuentro con que el idiota del chofer que siempre me envía su agencia para esperarme no había llegado y que no aparece sino hasta después de diez minutos esos DIEZ MINUTOS con mayúsculas y para colmo de males llega despeinado sin corbata y con la bragueta del pantalón mal cerrada ¿será de mal gusto mencionar bragueta en una carta? bueno no importa lo que me hizo intuir que había llegado tarde por andar por allí con alguna tarada tarada en negritas que debe serlo porque escaparse así de su trabajo y poner en peligro un puesto de secretaria ejecutiva en una de las mejores empresas del país todo por un chofer idiota a quien acaba de conocer ¿qué le pasa? ¡siga escribiendo! y esa tarada debe de dar gracias de que su jefa está en una etapa de crisis de sentimental que si no ahorita mismo la despedía la despedía subrayado pero que espera que aprenda la lección y además confía en que se esté cuidando porque con lo que me está costando el divorcio no puedo pagar una interina que la sustituya punto naturalmente, estoy muy desilusionada con su falta de profesionalidad por lo que exijo una sanción ejemplar para el idiota del chofer y una compensación de su parte por los daños y perjuicios sufridos por la espera . punto .

Esperando una pronta reacción a esta carta me despido atentamente blablaba

Ah y por favor dígale a “la agencia” que unos chocolates y un capuchino no estarían mal para empezar. Gracias, puede retirarse.

Club Guatemala

Club Guatemala
(Por Alvaro Montenegro Muralles)

Salieron del Club Guatemala los tres hombres con pasos largos y la frente erguida. José caminaba componiéndose el chaleco y mordiendo un habano traído de su último viaje a la ciudad del pecado: de los casinos, las morenas y los mojitos. Abel reía de las anécdotas del viaje y se quitaba el sombrero largo para no botarlo. Y Jesús, dos pasos atrás, se acomodaba el chaleco gris como sus días. En eso se apareció un mendigo arrastrando los pies descalzos:

― Jefecito, regáleme veinte centavos por vida suya. Para quitarme esta goma…

― ¿Seguro, muchacho, que es para la goma? ―respondió José con una bolita de humo marcando cada palabra dictada. Se despegó de los labios el habano acomodándolo entre el índice y el de en medio.

― Sí, seguro, por diosito que sí.

― A bueno. Es que el otro día le di veinte centavos a Jesús ―mientras lo señalaba con el habano― y después me lo encontré despilfarrándolo con la familia.

José reía junto a la risa de Abel servía de sombra. Y continuaron los dos, con Jesús atrás, su paso hacia la Casa Presidencial.

Jefe de Jefes

Jefe de Jefes
(Por Olga Contreras)

-¡Que no se te olvide que estás aquí sólo para recoger la mierda de los animales y para darles de comer! – le gritó el Jefe- las choleras ya saben que diario te tienen que dejar comida para vos y tu familia, porque ni se te ocurra hartarte algo de lo que se les da a ellos. Esos animales son finos, más finos que vos ¡cómo yo te vea, te mato hijueputa!

Y sabía que era cierto…El mal carácter del Jefe era conocido por todos los que trabajaban allí. Puchis, si hasta se cuenta que una vez mató a un cocinero chinito que tenían en la casa sólo porque le sirvió muy caliente la sopa. ¡Por la vida de la mierda china que te parió…Me quemé toda la geta!-esas palabras fueron las últimas que oyó el pobre chinito.

La verdad es que el trabajo no era tan cansado como peligroso. Eso de darle de comer a los dos tigres que tenía el Jefe en jaulas era bastante jodido. Pero ya le habían dicho los guardianes que el chiste estaba en darles de comer y allí mismo aprovechar para limpiar la caca de las jaulas. Lo mismo hacía él con los monos y con unos chuchos entrenados para atacar que soltaban en la noche para cuidar el jardín. Los flamencos y los pavos reales eran bien mansos, esos no eran problema. Y hay que ver qué comida le daban a los animales: buena carne y bastante para los tigres y los chuchos, frutas bien raras que ni conocía para los monos y los pájaros. ¡Ja! Bien que se le antojaba azar un buen pedazo de carne…¡pero ni loco! A él no le pagaban sueldo como a los demás, el trato fue que le daban comida y lo dejaban vivir en su champita que quedaba en la parte de atrás de la casa, al fin y al cabo que no se miraba desde ninguna parte. Entraba diario de madrugada por una puertita donde sacaban la basura y allí había una bodega donde las muchachas ponían la comida de los animales, así no tenía que estar entrando a la casa y le dejaban a él algo de comer, pero casi siempre era pan tieso, tortillas shucas y fideos fríos.

Una noche, oyó ruido de carros, gritos, balazos, pero él sólo alcanzó a meter a su familia debajo de la cama y rogaron a la virgencita que los cuidara. Pasaron como dos horas y se oyeron los últimos tiros, los chuchos ya no ladraron y los carros se fueron. Se animó a salir y divisó a lo lejos que no eran carros del Jefe, sino otros.

-¿Qué decís mija, voy a ver los animales o mejor no?- le preguntó a su mujer en la mañana.

-¡Ay, yo diría que mejor no! Mejor mirá si van a ir a traer a las muchachas a la parada.

Cada día los choferes iban hasta la parada de camioneta a traer a las muchachas, pues al Jefe no le gustaba que nadie durmiera en la casa, sólo su familia y los guardaespaldas. Cuando vio que iban como siempre los dos pick-ups a recoger a las muchachas entonces se fue corriendito a darles de comer a los animales. Pero cuando entró a la bodega, allí estaba el que era la mano derecha del Jefe, al que le decían “Diablo” junto con otros dos tipos que de inmediato sacaron pistolas.

-Ah ¡tranquilos muchá, tranquilos! Este es Arturo, el que cuida a los tigres - dijo el Diablo.

-Mirá Arturo, digamos que… hubo un cambio de planes y ahora el Jefe soy yo, como quién dice ahora soy Jefe de Jefes- dijo soltando una sonora carcajada- vos quedate tranquilito pero sobre todo calladito: vos no sabés nada, no viste nada, todo va a seguir igual que antes. Hoy les traje a los animales esta hartazón- le dijo señalando unas bolsas negras de basura- dáselos todo de una vez.

Sin preguntar nada, sin decir media palabra siquiera, sacó de las bolsas unos pedazos de carne rara, todavía algo caliente y con mucho hueso. No era la carne fina de siempre pero los tigres y los chuchos se la comieron todita. Se dio cuenta que al fondo de la bolsa todavía había un pedazo de carne. Con horror se tuvo que tapar la boca para no gritar cuando sacó una mano grande, con un anillo todavía puesto. Era el anillo que siempre usaba su anterior Jefe.

-Arturo ¡puta mano, que no se vayan a hartar el anillo! Limpiálo bien y me lo llevás a la casa- le ordenó su nuevo Jefe.

La Conferencia

La Conferencia
(Por Manuel Solórzano)

- Existe un solo jefe. – El Doctor iniciaba su conferencia logrando captar la atención de todos. - Y no es el dios que ustedes conocen. Un solo ente capaz de analizar, planificar, controlar, administrar y gobernarlo todo y todo depende de el. Este ente ha creado la faz de la tierra que conocemos. La ha transformado.

- Y yo que pensé que si hablaba de Dios. – Le dijo Gloria a Karla en secreto. Mientras que Karla dibujaba en su rostro una rara mezcla entre escepticismo, rechazo y curiosidad junto a los otros cien estudiantes que escuchaban al disertante.

Alguien levantó la mano. - “¡Doctor, esta es una Universidad católica!”. - Murmullos. El doctor rápidamente levanta su mano. – Y aún no he terminado – dice.

- ¡Algunos dicen que es el destructor de Dios! – Grita el doctor con un tono retador haciendo que dos personas se levantaran de su asiento y haciendo de los murmullos casi gritos.

En ese preciso instante inicia una serie de fotografías impactantes en la enorme pantalla blanca que había servido de fondo hasta entonces; derrame de petróleo en el golfo de México, niños gordos llenos de lombrices en Somalia, hombres esclavizados por diamantes, luchas sangrientas entre razas, cientos de cuernos de elefantes tirados en el suelo, grandes chimeneas emanando columnas negras de humo, una madre cargando a su hijo muerto de hambre, inmigrantes masacrados…

Las dos personas que se habían levantado de su lugar vuelven lentamente.

¡Existe un solo jefe! – Repite de nuevo el doctor, las imágenes no dejan de aparecer, una tras otra. – ¡Dueño de todo y con el poder suficiente!. Dueño de todas las fábricas del planeta, dueño de todos los diamantes, dueño de toda la comida, dueño de todo el dinero. Dueño de todo…no hablo de Dios – Su tono es ahora bajo y grave.

* * *

Karla llega a su casa tres horas más tarde, pensativa, meditando. No habla mucho en la cena, está intranquila, cuestionada, no logra dormirse hasta que llega a una conclusión, al día siguiente se juntará con Gloria, pero a platicar de otros temas, no de esos que te dejan preocupado. Mejor no ir a esas conferencias, de nada sirve.

Juego de niños

Juego de niños
(Por Lester Oliveros R.)

El jefe era un niño con una corbata verde que arrastraba en el suelo. La secretaria llevaba los zapatos rojos de su mamá, que le quedaban evidentemente grandes en sus piecitos blancos.

- Deje que le dicte –ordeno el jefe, luego de sentarse en una silla giratoria.

- Dígame…, ya estoy lista –respondió Tifany, y su voz como una nota de violín, se fue extendiendo por los estantes de libros.

- ¡Escúcheme bien! ¡Lo que le voy a dictar tiene que hacerlo lo más rápido que pueda! ¡Puede o no puede!

- ¡Le escucho! –dijo la niña riéndose y caminando con un cuaderno escolar y un lapicero.

- ¡Que me oiga atentamente le digo, no vea para otro lado! –ordenaba el niño con el traje gris hasta el piso.

- ¡Te oigo muy bien, no me tenes que gritar Diego! –dijo Tifany con la sonrisa borrada, agarrando el ruedo del vestido.

- ¡No le estoy gritando, es usted una mentirosa! –dijo, todavía como el jefe somatando la mano sobre el escritorio de su papá.

- ¡Bien, me esta gritando y yo así ya no juego!
- ¡Váyase de mi vista, esta despedida! –Ordenó.

- No me podes despedir así tan fácil, y te lo voy a demostrar ahora –y se fue arrastrando el vestido de lunares negros y blancos que había encontrado en el closet de su hermana mayor.

Al momento estaba de regreso con la mamá de la mano. Molesta por la interrupción la mamá le dijo a Diego que no habría helado, si se negaba a contratar a su hermanita de nuevo. El niño, serio, irritado, deteniéndose los grandes lentes para leer, apenas asomó la cara para decirle que la empresa necesitaba de empleados sencillos, humildes, honestos y fervientes trabajadores que no se anduvieran quejando a la primera con nadie, ni armando protestas ni sindicatos.

La madre no pudo contener la risa. Pero también quedó asombrada de cómo podía imitar tan bien a su padre, y se sintió feliz que en el futuro la empresa familiar estuviera en buenas manos.