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Marito Matabachas

Marito Matabachas
(Por Manuel Solórzano)


Al fin se decidió a limpiar el cuarto de Marito. Hace cuatro años de la boda, ya era hora de hacer una buena limpia y convertir ese cuarto en estudio.

Doña María entra al cuarto decidida y armada hasta los dientes; una cubeta morada con una mezcla de agua y jabón en polvo, tres limpiadores, escoba, trapeador, delantal, guantes y bolsas enormes con un canguro impreso.

Luego de tirar la caja de las cartas, tarjetas, entradas al cine, servilletas con mensajes sugerentes, fotos y globos desinflados de sus ex novias pasa al closet donde encuentra cuadernos del colegio, exámenes, anuarios y trabajos de la universidad. Con la nariz roja por la alergia que le provoca el polvo y olor a naftalina pasa a la mesita de noche.

Al abrir la puerta de la gaveta de abajo encuentra lo que por mucho tiempo fue el tesoro de Marito, recortes de prensa, noticias donde Greenpeace hacía protestas o salvamentos. Doña María los saca de la gaveta, los ve fijamente, con su mano hace a un lado las bolsas llenas de lo que ahora es basura y se sienta en la cama. Una ráfaga de nostalgia pinta sus ojos. En su mente tiene presente esos años de adolescencia de Marito.

Recuerda perfectamente cómo él hablaba con tanta fuerza sobre lo necesario de cuidar la naturaleza, de apagar las luces, de reciclar. Más de alguna vez se había ido con sus amigos a una marcha para protestar por algo que ella nunca había entendido bien pero eso no era nada. Cuando realmente se asustó fue cuando empezó a llevar morralitos y a cambiar sus tenis por caites. Don Mario también estaba preocupado pero él siempre había sido muy listo y un día, recordándole a Doña María el porqué se había enamorado de él, hizo alarde de sus dotes de estratega.

Dos meses antes de la graduación del colegio, Don Mario le llevó a Marito el pensum de estudio de la Licenciatura en Ecoturismo de una de las mejores y más prestigiosas universidades del país. Esto marco el futuro de Marito. Sus nuevas amistades, también preocupadas por el medio ambiente lo hacían sentir como pez en el agua. La estrategia de Don Mario no dio resultados de la noche a la mañana, los cambios que valen la pena nunca son así.

Se empezó a juntar a tomar cafés para platicar de la posibilidad de armar un partido verde. Pasó más de un año, Don Mario y Doña María no decían nada pero con sus miradas lo decían todo. Al año y medio fueron apareciendo en su closet algunos buenos augurios; unos zapatos de amarrar, camisas de manga larga y cinchos. No había sido dinero mal gastado porque en uno de esos cafés conoció y se enamoro de la hija de uno de los mayores empresarios de turismo del país dos años más tarde sería su esposa.

Hace dos semanas la había llamado desde algún país del mundo para preguntar si todos estaban bien y para pedirle que se metiera a su Facebook porque había subido fotos de la casa en donde vivían y para que viera el último ultrasonido de su nieto al que querían tener en parto natural. Nunca vas a cambiar, le había dicho Doña María.

Hoy Marito es el principal accionista de una de las empresas verdes que “velan” por el ecosistema del país, mantiene los contactos y donaciones de las organizaciones más grandes del mundo. Su esposa es la que organiza las manifestaciones y muchas veces la que consigue opiniones de sus amigos “expertos” sobre las que construye un frente contra algo. Cualquier cosa. Es un negocio próspero.

Don Mario realmente había hecho de su hijo un hombre exitoso sin necesidad de sermones ni pleitos familiares. Que orgullosos se sentían.

Doña María suspira mientras mete lentamente los recortes a la bolsa, luego mete la mano en la gaveta para ver si no se queda nada pero su dedo topa con la caja plástica de un cd, lo saca y lee…Miguel Matabachas…abre la caja y encuentra un papel, reconoce la letra de Marito y parece ser la letra de la canción. Antes del título de la canción esta escrito ¡Aguas!. Le da curiosidad y lee solo algunas líneas que parecen ser el coro…

Miguel el matabachas…
El sistema se lo fumo…
Miguel el matabachas…
Olvido su revolución…


Doña María hace una mueca. “Alux. Con razón. ¡Caitudos!”.

3 comentarios:

  1. Muy buena dosis de ironía y sarcasmo.

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  2. Muchas gracias Olga e Ixmu por leerlo.

    Me pareció interesante su comentario Olga porque mi intensión no era hacerlo irónico ni sarcástico, más bien, mi intensión era pintar una realidad que vivimos (o dos) por un lado, el más evidente, el peligro de caer en una "Eco-histeria" el ver el fin del mundo acercándose por todos lados porque con ello hay empresas que lucran. Por el otro lado el tema de los padres "guiando" a sus hijos por el "buen camino", haciendo de sus hijos hombres y mujeres de "bien" y según ellos, sus hijos, lográndolo en lo que les gusta sin saber que están dentro de una telaraña tejida con esmero y dedicación por sus propios padres.
    Saludos!

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