La pita bendita
No más colas
Su primera vez
Treinta y dos minutos después Ana está lista; se para frente al espejo para revisar su lencería por última vez, termina, sube la vista y se encuentra con sus propios ojos que la observan, se siente señalada por ella misma, da un largo suspiro, dibuja en su pecho una cruz, toma la perilla de la puerta y se detiene justo antes de terminar de darle vuelta para abrirla.
Luis rápidamente vuelve la cabeza en dirección al baño, cree haber escuchado que abrían la puerta pero no. Hace un movimiento de negación y desesperación con la cabeza y vuelve a cambiar de canal.
Ana no sabe exactamente qué la hizo detenerse pero su mano experimenta una rara sensación de frío. ¡Fría!. La perilla está fría; el baño está lleno de vapor y perfume pero la perilla sigue fría. Esa es la mejor descripción de la noche anterior.
Luis lleva media hora cambiando canales. Se había desnudado en menos de un minuto y nunca imaginó que aquel ahora vuelvo significaría tanto tiempo de espera. Con las manos entrelazadas detrás de su cabeza aprovecha a examinar su presentación: huele la axila derecha y arruga la nariz; confirma con la axila izquierda y sí, arrugar la nariz es la mejor reacción. De mala gana decide bajar los brazos, después de todo él siempre ha sido muy considerado con ella y no sería apropiada esa primera impresión (unos minutos después no importaría, el olor a sudor sería algo normal).
La noche anterior Doña Ana, su mamá, espero a que todos se fueran a dormir para poder hablarle a su hija. Entro en el cuarto, se sentó a mitad de la cama y le empezó a hablar de sexo. La luz estaba apagada por lo que Doña Ana no pudo la expresión de horror de Ana; jamás le habían hablado de sexo en sus diecisiete años. Sólo hay una primera vez mija y lo mejor es que vaya bien sabida – fue su despedida junto con una palmadita en la cabeza.
Luis se aclaró la garganta asegurándose que Ana lo oyera. Ya se había terminado el resumen deportivo y estaba desesperándose.
Ana escuchó a Luis y un escalofrío, de esos que tanto odia, le recorrió por todo el cuerpo. La noche anterior también le había dado uno justo cuando, antes que su mamá saliera del cuarto, tomó valor y dijo “mama”- Doña Ana se detuvo en espera de lo que diría Ana- “tengo miedo mama”. Sin voltear Doña Ana respondió “tranquila patoja, así me sentí yo también” y cerró la puerta dejando a Ana sola en la oscuridad. El frío en su mano era la mejor descripción de cómo se había sentido toda la noche: todo alrededor parecía estar de fiesta pero ella se sentía fría, ajena. Conciente de estar frente a una puerta que cambiaría su vida no tuvo más remedio.
¡Al fin! –Pensó él apagando la televisión y tirando el control a un lado.
Ana de pie a dos metros de la cama intenta dibujar para Luis su mejor sonrisa pero solo le sale una mueca rara. Luis lo último que veía era su cara, ésa la conocía de sobra, lo que no conocía era su cuerpo así que se movió en la cama hasta que la luz que salía del baño quedó detrás de ella y las transparencias fueron más obvias. Ana se dio cuenta e instintivamente pensó en apagar la luz pero no lo hizo. Luis no dejó de verla con más deseo en su mirada, Ana lo vio y sintió una especie de fuerza que ella no conocía. Sorprendiéndose a ella misma separó un poco las piernas para que la luz hiciera transparente un poco más allá. Luis está fuera de sí. Ella jamás había experimentado esto, encoge un poco su hombro derecho para dejar que el fino tirante de su hombro derecho caiga hasta su brazo, este sencillo movimiento parece haber despertado en Luis instintos casi salvajes, parece un león enjaulado donde los límites de la cama son las rejas de la celda. Ana es conciente de un cambio en el ritmo de su respiración que se hace cada vez más involuntario, no entiende qué le pasa pero le encanta la sensación, da dos pasos hacia adelante. Luis la alcanza con las dos manos y suave pero firmemente la sube a la cama.
Diecinueve minutos y Ana ya está lista; antes de salir del baño limpia con una mano el espejo empañado, no lo necesita, hoy no se va a pintar, solo busca su propia mirada, a ella misma. Se ve fijamente con ojos de total satisfacción. Sonríe se guiñe un ojo abre la puerta, se da cuenta que la perilla sigue fría…pobre perilla.
Matrix
Aquí no existen mujeres feas, todas son preciosas. No existen hombres feos, todos son espectacularmente guapos. Así ha sido durante varios años y desde que es así el atractivo físico ha dejando de ser un tema de conversación. Cada vez hay menos ojos lujuriosos a la pareja del prójimo; todos saben que la que tiene a la par no tiene nada de menos.
- No se leer.
- ¡No sabe leer! – Remarcaba sincronizando sus palabras con una mirada despectiva a la que no lograba acostumbrarse. Antes, las mujeres la veían despectivamente pero tenía la certeza de ser envidia, esas le gustaban.
- No.
- ¡Claro que sí!, pase usted licenciado, ¿en qué puedo servirle?.
- Vengo a dejarle un nuevo perfil que estamos buscando…perdón – se detuvo percatándose de su falta – no la saludé, disculpe usted, buenos días.
- Buenasss – respondió Marta de una forma tan común y corriente que dibujó una mueca de hartazgo en la cara de la entrevistadora y una de extrañez e interés en el mercadólogo.
- Excúseme licenciada, la llamo en un minuto – Dijo luego de cinco segundos de silencio y saliendo de la oficina sin dejar las hojas que traía del nuevo perfil que solicitaba.
- Licenciada – decía ahora por el auricular el de mercadeo –, ¿la persona que está con usted está solicitando trabajo?
- Si pero…
- Si, me imagino, hágala pasar a mi oficina por favor.
- Pero…
- En cinco minutos, ¡gracias!.
- ¿Quién?
- ¡La Marta!
- ¿Cómo te enterastess?
- No supistess que la Yojaira echó a su marido porque le descubrió fotos de ella en su celular pues.
- No, no sabía, ¿en serio?
- Si, ahora disque todos los del pueblo quieren con ella. Ahora sí, ni nos voltean a ver.
Luego, en el almuerzo, los dos gerentes almorzarán juntos. ¿Haz visto Matrix? A veces pienso que nosotros somos los programadores.
Diciembre
Su cara lo dice todo: lo inunda la conciencia de los años; alfareros de historias que ya anuncian su obra y por ello avisan que han finalizado su proceso de creación.
Atravieso la calle esquivando los morteros que hace dos minutos tiraban ilusiones chispeantes hacia el cielo y que en un instante se han vuelto inservibles. Me quedo a su lado. Cuando finalmente se da cuenta que estoy allí, me ve con sus ojos siempre profundos y me abraza: Feliz año mijo. Feliz año abuelo. Voltea a ver de nuevo al cielo pero las sombras ya no están, se han perdido y desvanecido en el fuerte viento de Diciembre.
Cementerio
Samuel era mi único amigo, murió hace unos meses, era un viejito que tenía treinta y cuatro años trabajando aquí enterrando a las personas, el me cuidó desde que me dejaron aquí abandonado, me dijo que no me iba a llevar a ninguna guardería porque en esos lugares les hacen cosas horribles a los niños; por eso me consiguió un lugar acá. Me contó cómo hace mucho tiempo unos brujos habían robado lo que había adentro de este hoyo una noche de Halloween pero que todas las personas que trabajaban en ese tiempo habían guardado el secreto para que no los acusaran a ellos y por eso nunca se lo dijeron a la familia, de todas formas nunca se iban a dar cuenta. Él barrió, limpió bien todo y desde entonces esta es mi casa. Recuerdo bien que me dijo:
Mirá mijo aunque estes chiquito tenés que ponerte pilas, si alguien te ve, te saca a la calle y allí nadie te va a cuidar. Aquí adentro es más seguro. Todos le tienen miedo a los muertos pero la verdad es que aquí no pasa nada.
He oído que dicen este es el modulo cuatro y como está tan lejos casi nadie viene. Lo que más me costó aprender fue cómo subir hasta allí, porque está alto, pero los floreros me sirven de escalera y por suerte nunca se me ha caído la plancha de cemento que uso de puerta. Todos los días salgo de aquí temprano, dejo la puerta bien pegadita y me voy al semáforo que está a dos cuadras, allí saco algo de pisto para comer y tengo guardado algo por si algún día lo necesito.
Nunca le he dicho a nadie que vivo en el espacio donde debería haber un muerto porque la gente es mala y estoy seguro que si se enteran me sacan a la calle.
El otro día duro es el uno de noviembre, siempre me despierta el susto de oír personas hablando porque nunca hay ruidos aquí y de repente me despierta un montón de gente hablando… ahora ya se que cuando pasa eso es esa fecha y me tendré que quedar todo el día encerrado para que no me vean pero lo que si es cierto es que el siguiente día es el mejor día del año; no me creerían la cantidad de cosas que encuentro tiradas por todos lados, este reloj lo encontré el año pasado y esta cadenita la dejaron en el florero de abajo de donde vivo.
Lo mejor de ese día es la comida, es el único día que como gratis y hasta más no poder. Por todos lados hay sobras de comida de toda clase así que me preparo un mi buen plato con toda la comida que encuentro. Desayuno, almuerzo y ceno bien con ese revoltijo de comida.
Vivir en el cementerio es, gracias a Samuel, el mejor lugar para vivir.
Marito Matabachas
Al fin se decidió a limpiar el cuarto de Marito. Hace cuatro años de la boda, ya era hora de hacer una buena limpia y convertir ese cuarto en estudio.
Doña María entra al cuarto decidida y armada hasta los dientes; una cubeta morada con una mezcla de agua y jabón en polvo, tres limpiadores, escoba, trapeador, delantal, guantes y bolsas enormes con un canguro impreso.
Luego de tirar la caja de las cartas, tarjetas, entradas al cine, servilletas con mensajes sugerentes, fotos y globos desinflados de sus ex novias pasa al closet donde encuentra cuadernos del colegio, exámenes, anuarios y trabajos de la universidad. Con la nariz roja por la alergia que le provoca el polvo y olor a naftalina pasa a la mesita de noche.
Al abrir la puerta de la gaveta de abajo encuentra lo que por mucho tiempo fue el tesoro de Marito, recortes de prensa, noticias donde Greenpeace hacía protestas o salvamentos. Doña María los saca de la gaveta, los ve fijamente, con su mano hace a un lado las bolsas llenas de lo que ahora es basura y se sienta en la cama. Una ráfaga de nostalgia pinta sus ojos. En su mente tiene presente esos años de adolescencia de Marito.
Recuerda perfectamente cómo él hablaba con tanta fuerza sobre lo necesario de cuidar la naturaleza, de apagar las luces, de reciclar. Más de alguna vez se había ido con sus amigos a una marcha para protestar por algo que ella nunca había entendido bien pero eso no era nada. Cuando realmente se asustó fue cuando empezó a llevar morralitos y a cambiar sus tenis por caites. Don Mario también estaba preocupado pero él siempre había sido muy listo y un día, recordándole a Doña María el porqué se había enamorado de él, hizo alarde de sus dotes de estratega.
Dos meses antes de la graduación del colegio, Don Mario le llevó a Marito el pensum de estudio de la Licenciatura en Ecoturismo de una de las mejores y más prestigiosas universidades del país. Esto marco el futuro de Marito. Sus nuevas amistades, también preocupadas por el medio ambiente lo hacían sentir como pez en el agua. La estrategia de Don Mario no dio resultados de la noche a la mañana, los cambios que valen la pena nunca son así.
Se empezó a juntar a tomar cafés para platicar de la posibilidad de armar un partido verde. Pasó más de un año, Don Mario y Doña María no decían nada pero con sus miradas lo decían todo. Al año y medio fueron apareciendo en su closet algunos buenos augurios; unos zapatos de amarrar, camisas de manga larga y cinchos. No había sido dinero mal gastado porque en uno de esos cafés conoció y se enamoro de la hija de uno de los mayores empresarios de turismo del país dos años más tarde sería su esposa.
Hace dos semanas la había llamado desde algún país del mundo para preguntar si todos estaban bien y para pedirle que se metiera a su Facebook porque había subido fotos de la casa en donde vivían y para que viera el último ultrasonido de su nieto al que querían tener en parto natural. Nunca vas a cambiar, le había dicho Doña María.
Hoy Marito es el principal accionista de una de las empresas verdes que “velan” por el ecosistema del país, mantiene los contactos y donaciones de las organizaciones más grandes del mundo. Su esposa es la que organiza las manifestaciones y muchas veces la que consigue opiniones de sus amigos “expertos” sobre las que construye un frente contra algo. Cualquier cosa. Es un negocio próspero.
Don Mario realmente había hecho de su hijo un hombre exitoso sin necesidad de sermones ni pleitos familiares. Que orgullosos se sentían.
Doña María suspira mientras mete lentamente los recortes a la bolsa, luego mete la mano en la gaveta para ver si no se queda nada pero su dedo topa con la caja plástica de un cd, lo saca y lee…Miguel Matabachas…abre la caja y encuentra un papel, reconoce la letra de Marito y parece ser la letra de la canción. Antes del título de la canción esta escrito ¡Aguas!. Le da curiosidad y lee solo algunas líneas que parecen ser el coro…
Miguel el matabachas…
El sistema se lo fumo…
Miguel el matabachas…
Olvido su revolución…
Doña María hace una mueca. “Alux. Con razón. ¡Caitudos!”.
Conocerte
¡Al fin! Fueron ocho meses y medio de larga espera pero ¡lo lograste mi´hijo! No te imaginas las ganas que tenía de conocerte. No pude hacerlo antes, desde la primera vez que intentamos verte en el ultrasonido, te volteaste y huiste de ese sonido tan parecido al de la sierra con la que cortamos la madera para construir tu moisés en el taller del abuelo. Tenías razón en asustarte pero deberías habernos visto las caras cuando vimos pintadas de movimiento ámbar las formas que solo en nuestros sueños te dábamos y por eso rogué para estar aquí en este momento.
No había razón para pensar que fueras a adelantarte pero la naturaleza que, ahora lo se, no entiende de planes humanos, decidió que esa bolsa acuosa y oscura ya no era suficiente para ti justo cuando le entregaban los recuerditos para los amigos que vendrán a conocerte. Por lo menos no tendrá esa pena; ya la conocerás y sabrás lo importante que son para ella esos detalles. Ni siquiera la dejaste llegar al carro y allí, en medio parqueo, empezaste tu lucha por salir. Según nuestro plan, nacerías el veintidós en una cesárea luego de que me convenciera de no correr riesgos por esta vez. El último ultrasonido mostraba que no te habías logrado liberar de esa soga que se había vuelto un espiral en tu cuello y que así como te llenaba de vida también amenazaba con quitártela.
Los médicos dicen que las emociones fuertes pueden adelantar la labor de parto y puede que haya algo de cierto en eso porque ella siempre ha sido muy puntal para todo. Por lo menos de eso puedo alardear: siempre le cambié sus planes, hasta el último momento...te apuesto que no encontrarás mi infarto por ninguna parte de su agenda. Creo que por eso éramos tan felices, nos complementábamos. Ella siempre con su planificación y organización como bandera de vida, fan de la agenda y los teléfonos inteligentes. Yo, de las aventuras, riesgos y lo desconocido.
Que guapo te ves con esa ropita celeste mi amor. Vale, vale. Duerme, se que estas agotado y no aguantas el sueño, para mi también es hora de regresar. Me alegra tanto haberte conocido mi hijo.
Un momento en el paraíso
- Regreso en una hora – Le susurra. Javier le responde con una sonrisa mientras vuelve a cerrar los ojos y seguir durmiendo.
Afuera, Romelia saluda al agente de seguridad que vela porque el ingreso de las visitas sea en orden y no entren niños menores de cinco años por su propia seguridad. Javiercito, que acaba de cumplir tres, ya conoce la regla y se despide de su mamá. Corre sin dudarlo al área de niños donde tres enfermeras cuidan de los infantes dándoles juguetes y armando rondas.
Mientras Romelia y Claudia, su cuñada, un poco cansada luego del viaje de dos horas por la autopista de seis carriles desde Quetzaltenango, subían al séptimo piso, recordában cómo había sucedido todo.
El accidente, dos semanas atrás, se había producido cuando Javier regresaba de entregar el pago de sus impuestos. Faltaba un mes para el vencimiento del plazo pero, como de costumbre, los pagos se hacen con suficiente tiempo para ayudar a que las personas que tuvieron algún problema y que tuvieron que dejar para los últimos días puedan hacerlo rápidamente.
Mientras Javier caminaba a la estación del transporte público ubicado a dos cuadras de la ventanilla de recepción, volteo a saludar al policía de seguridad pública quien, armado únicamente con un radio y un gorgorito le devolvió el saludo. Fue en ese momento que perdió el equilibrio y tropezó, dio dos grandes pasos tratando de retomar el control pero fue en vano, dio con su cabeza un gran golpe en el buzón de una casa que le hizo perder el sentido y con todo su peso cayó en el filo de la banqueta.
El policía que vio todo, llamó por radio y en dos minutos estaba una unidad de los bomberos estabilizándolo con los mejores equipos médicos y logrando contener la hemorragia en su camino al hospital general.
A su ingreso por el área de emergencias ya estaba identificado, Javier Estuardo Chacón Pérez, 46 años, casado, ingeniero, dos hijos. Desde hace años utilizaban un gran invento que identificaba a cada persona sin necesidad de documentos, el “Lector de huella dactilar”, exacto e infalsificable. Con ello habían eliminado el último documento de identificación que tantos millones y fraudes les había costado años atrás.
La que más sufrió había sido que Ana María, su hija de 17 años, había tenido que esperar tres horas en la escuela pública para que Romelia la fuera a traer. No se iba en el bus como sus amigas porque desde hace dos meses estaba estudiando un curso extra para aplicar a una beca de estudios en Alemania que el gobierno otorga a los jóvenes que muestran mayor capacidad y que incluye, al regresar, un puesto en una de las empresas estatales llamadas “Cluster de Desarrollo” y que consisten en grandes centros de trabajo tipo “maquila”, algunos de de tecnología, otros de alimentos, comunicaciones, ropa, industria automotriz, etc, en donde se produce de todo para muchos países del mundo. Se había inaugurado hace diez años y había tenido un costo de 25 mil millones, casi la mitad del presupuesto total pero con ello habían eliminado el problema de la pobreza, la inseguridad, la desnutrición, el analfabetismo y muchos otros que juntos les costaban al gobierno más de esa cantidad. Esas empresas ya necesitan cinco millones de plazas de empleo.
Cuando llegaron al cuarto, Javier estaba despertándose. Romelia le saludó con un beso y le entregó el diario.
- ¿Qué?, buenas o malas noticias – Preguntó Javier.
- Buenas.
La portada del diario titulaba: “Gobierno propone una nueva reducción de impuestos”.
Jaque mate a la reina
Algo bueno tuvo y fue que por cinco minutos se le olvidó que su novia lo había echado de su casa. No recordaba por qué había sido, solo sabía que cada vez que presionaba el clutch de su carro, se le nublaba la vista del dolor.
Por puro orgullo logró que ella aceptara que se vieran para que terminar decentemente pero más que eso era para que el supiera que decir cuando le preguntaran la razón del fin de la relación porque realmente no se acordaba.
Una condición puso ella. La cita tendría que ser en una cafetería de almuerzos ejecutivos a la una menos cuarto. Atestado de gente. Pensado para que el ambiente no se prestara a ningún intento romántico y desesperado por cambiar su decisión.
Una menos cinco. Ella llegó. Lo vio. Se sentó y habló.
- Un detalle. Era todo lo que necesitaba. Te lo pedí, te lo supliqué, te lo canté. Nada. “Mandame un mensajito, traeme una rosita”, ¿cuántas veces te lo pedí?” y ni siquiera me hubiera importado tragarme la estúpida sensación de saber que era porque yo te lo pedía. El que lo hicieras hubiera sido suficiente.
- Pero si sabes que yo no soy así. Simplemente no me da la cabeza. Se me pasa el día y no lo hago. Un mugriento mensajito, se que es fácil hacerlo pero qué te voy a decir. Soy un singracia. Ahora no sirve de nada arrepentirme, lo se. ¿Qué querés que te diga? A mi esas cosas me dan igual.
- ¡ah! ¿Te da igual? ¿No te gustaban las fotos que te dejaba en tu celular?
- No, si, si me gustaban…
- ¿Te daba igual los papelitos que te dejaba en tu carro?
- No, si los guardo todos.
- Entonces disculpame pero no te da igual. ¿Si a ti te gustaban por qué no fuiste así conmigo?
El disimula mientras les entregan lo que pidieron. Un capuchino con splenda y una galleta integral para ella y un cortadito para el. Sabe que es su turno para decir algo pero está contra la pared. Ella se ve decidida, no le tiembla la mirada, siempre ha sido así y es lo que a el lo volvió loco por ella desde el principio. Su firmeza. Su temple. Pero ahora le salió el tiro por la culata.
Mientras busca una salida de emergencia en esa discusión en la que estaba contra la pared ella toma la iniciativa.
- Tu sos así. No puedo pretender cambiarte y por eso decidí terminar esto; no quiero cambiarte porque sería obligarte a ser alguien que no sos.
¡Jaque! Esa era la última salida. ¿Qué se puede decir ante tal sentencia? ¿Cómo le hace para ser así de asertiva?
- Puedo tratar…- Patadas de ahogado.
- ¿De qué Pedro, de cambiar? No. No te molestes.
- ¿A dónde vas?
- Al baño, ahorita vengo. – Toma su bolsa y camina.
Por un momento Pedro pensó que lo dejaría allí hablando solo pero ella deja sus llaves en la bandeja.
- Su cuenta.
- Yo no pedí la cuenta.
- Yo se, es solo una idea. – le dice la mesera con una mirada cómplice.
Cuatro minutos. Ella regresa. Se sienta pero sin soltar su bolsa en una posición que sugiere que no hay nada más que decir.
- ¿No vas a querer nada más?.
- No. – Elsa empieza a buscar en su bolsa la billetera para pagar la cuenta. Como siempre, a ella le tocará pagar su parte.
- No te preocupes. Yo invito.
- Gracias, pero no te preocupes. Nunca me invitaste y no esperaría que lo hicieras ahorita. Señorita, la cuenta por favor.
- Cuídate por favor - Le dice Pedro levantándose y dándole un beso en la mejilla a modo de despedida.
- Igual tu. Señorita, ¡la cuenta por favor!
La mesera se acerca y le explica que el joven canceló la cuenta mientras ella estaba en el baño. Elsa voltea sorprendida buscándolo pero el ya no está. No puede creer que en realidad haya hecho eso. El señor sindetalles había dado signos de vida. ¿Será posible?
Dos días más tarde Pedro recibirá la llamada que estaba esperando.
- Aló.
- Hola...
- Hola Elsa – Nada mejor que un Jaque mate sin planificarlo mucho.
Corriente
Hoy cumplo 4 años, por lo menos eso oí decir, algunos dicen que en realidad son 28, eso me tiene un poco confundido pero en todo caso Marito dice que hoy hace 4 años llegué a la casa y por eso están celebrando. Díganme si no es extraña la vida.
Parece que fue ayer cuando me abrieron las puertas de esta casa, mis días de vagabundo habían terminado, jamás me había imaginado que se pudiera vivir así. Comer dentro de casa, dormir sin frio, hasta me entretengo viendo televisión y por las noches juego con un zapato que me regaló Marito.
Casi todos los domingos vamos a pasear, allí he conocido a varios amigos de Marito quienes también van paseando con otros perros. Allí me enteré que soy popular, de una raza que a todos les gusta. Eléctrico. Casi siempre es lo mismo, “que lindo tu perrito, ¿qué raza es?”. Eléctrico – responde Marito. Siempre se ríen y me ven con cara de amigos. Así que supongo que mis antepasados han de haber sido unos perros muy queridos. ¡Si supieran que antes de ser famoso fui un vagabundo!
La Conferencia
- Existe un solo jefe. – El Doctor iniciaba su conferencia logrando captar la atención de todos. - Y no es el dios que ustedes conocen. Un solo ente capaz de analizar, planificar, controlar, administrar y gobernarlo todo y todo depende de el. Este ente ha creado la faz de la tierra que conocemos. La ha transformado.
- Y yo que pensé que si hablaba de Dios. – Le dijo Gloria a Karla en secreto. Mientras que Karla dibujaba en su rostro una rara mezcla entre escepticismo, rechazo y curiosidad junto a los otros cien estudiantes que escuchaban al disertante.
Alguien levantó la mano. - “¡Doctor, esta es una Universidad católica!”. - Murmullos. El doctor rápidamente levanta su mano. – Y aún no he terminado – dice.
- ¡Algunos dicen que es el destructor de Dios! – Grita el doctor con un tono retador haciendo que dos personas se levantaran de su asiento y haciendo de los murmullos casi gritos.
En ese preciso instante inicia una serie de fotografías impactantes en la enorme pantalla blanca que había servido de fondo hasta entonces; derrame de petróleo en el golfo de México, niños gordos llenos de lombrices en Somalia, hombres esclavizados por diamantes, luchas sangrientas entre razas, cientos de cuernos de elefantes tirados en el suelo, grandes chimeneas emanando columnas negras de humo, una madre cargando a su hijo muerto de hambre, inmigrantes masacrados…
Las dos personas que se habían levantado de su lugar vuelven lentamente.
¡Existe un solo jefe! – Repite de nuevo el doctor, las imágenes no dejan de aparecer, una tras otra. – ¡Dueño de todo y con el poder suficiente!. Dueño de todas las fábricas del planeta, dueño de todos los diamantes, dueño de toda la comida, dueño de todo el dinero. Dueño de todo…no hablo de Dios – Su tono es ahora bajo y grave.
* * *
Karla llega a su casa tres horas más tarde, pensativa, meditando. No habla mucho en la cena, está intranquila, cuestionada, no logra dormirse hasta que llega a una conclusión, al día siguiente se juntará con Gloria, pero a platicar de otros temas, no de esos que te dejan preocupado. Mejor no ir a esas conferencias, de nada sirve.
Los dulcitos con la M
Creo que nunca voy a entender el por qué los hombres tratan de impresionarnos con cosas que en realidad no ameritan ser impresionantes, pero ellos así son; allí estaba él haciendo gala de malabarista con aquel extraño azafate hecho para encajar en el porta-vasos de la butaca más no pensado para su fácil traslado. Menos cuando tiene encima dos vasos de agua, estratégicamente colocados porque “es lo que mantiene el balance”, -según el-, dos hot-dog con varias servilletas atrapadas debajo de uno de ellos, una caja de poporopos en el centro del azafate, y una bolsita celeste de M&M, en la orilla, esa si la agarré yo porque me miraba mal sin nada en las manos.
- Sus boletos por favor…
- Si, eehh. ¿No te dí a ti los boletos? - Me preguntó con esa cara de confusión que siempre hace.
- Aquí están joven.
Siempre me han gustado esos hot-dog, lástima que les pasan las del clavadista, tarda más la preparación que la zambullida. Pero allí estaban los famosos poporopos para terminar de engañar al estomago.
Al fin terminaron los anuncios y empezó la película, todo iba bien hasta que le extendí la mano para que me diera uno de esos dulcitos con la M encima porque ví que ya los había abierto. Después de un momento en que no recibí nada pensé que no había visto mi gesto y la acerqué un poco más. Lo siguiente que sentí fue su mano sobre la mía y como la acercaba a su boca para en lugar de un dulce darme uno de los besos más tiernos que he recibido, un beso suave en la palma de mi mano. Temblor, perplejidad, escalofríos, nerviosismo, tanto que no pude mover mi mano por varios segundos…
Con razón ni me acuerdo de qué película era, lo que si es cierto es que ya van varios años y nunca pude volver a moverme de su lado como en aquella sala de cine y luego de muchos momentos como ese, aquella M del dichoso dulcito años más tarde se convirtió en M de Matrimonio.
Maniquí
Ticu
¡Cu cuuuu!- Insistía, pero tímidamente en un susurro.
Otra noche más que Ticu no lograba llamar su atención. En realidad eran muy pocas las noches en que lo lograba pero a veces, solo a veces, lograba que ella lo escuchara toda la noche desde lejos, Ticu entonces se perdía en un monologo que lo cargaba de felicidad por varios días, pero eso no pasaba casi nunca, en realidad lo normal era que solo se asomara un momento nada más y rápidamente volviera a ocultarse tras las nubes. Las peores noches eran en las que el no la veía, solo sabía que estaba allí por su resplandor sobre las nubes. No lograba comprender cómo ella podía ser tan indiferente ante el.
La locura de Ticu el búho por ella había sido inevitable, fue una noche en la que ella se acercó un poco más de lo normal y el no pudo controlar sus sentimientos, no fue algo pensado, fue puro y sincero, la besó. Desde entonces el quedó como poseído; pasaba el día arrancando las hojas de la rama más alta del árbol para que ella lo distinguiera entre el espeso bosque esperándola todo engalanado y erguido tratándo de seducirla con ese aire de nobleza que le diferenciaba en la punta de la rama. Había bajado de peso porque intentaba llevar una dieta vegetariana para no duplicar esfuerzos; arrancar las hojas y comer era todo uno, incluso se olvidó por completo de aquella lechuza que lo veía con ojos sugestivos pero ningún esfuerzo parecía servir de nada. Llevaba 29 días contados sin que ella volviera a dar la menor señal de importarle.-¿Cómo pude ser tan atrevido y echarlo todo a perder? ¿¿en qué estaba pensando??- Se decía una y otra vez al recordar el beso y desde entonces trataba con todas sus fuerzas de decirle cuan avergonzado estaba pero jamás encontraba un momento a solas con ella. Pasaba en vela toda la noche, buscándola, esperándola, deseando un momento…un momento nada más.
Todos sus amigos lo creían loco, la rama, su rama, era famosa, de día la usaba como lugar de cátedra en donde hablaba de la vida y a donde llegaban a pedirle consejos de todas partes del bosque. Y como siempre, cuando el sol se ocultaba y todos se iban, el se volteaba hacia el cielo y empezaba su espera, pero no podía más, ya había llegado al límite de sus fuerzas, estaba decidido a decirle que se olvidara de el si es que en algún caso remoto no lo había hecho ya, le diría que el no podía soportar más su indiferencia y que lo disculpara si se había creído merecedor de su amor y ante todo, que disculpara su atrevimiento.
Ese día, pensativo, sin moverse en su rama dejo que lloviera sobre el todo el día hasta caer el sol, la noche la inició con la cabeza abajo, no como siempre, erguido y galán; la inicio mojado, sin fuerzas, derrotado, frustrado y realmente cansado. Sumergido en sus pensamientos de melancolía hasta que no pudo más, se durmió.
Jamás la vio venir, jamás se lo imaginó tan siquiera, solo sintió calor en su espalda y sus alas, abrió levemente un ojo y vio parte de su sombra proyectada en la rama, pero se convenció de estar soñando y volvió a cerrarlo.
Al día siguiente al salir el sol sus compañeros de árbol llegaron en tremenda bandada y se lo dijeron, le contaron como ella se había acercado a el, le dijeron que jamás la habían visto tan cerca y reluciente como esa noche y le detallaron como ella suavemente lo había abrazado con su luz mientras el, cabeza abajo, dormía.
Ticu no podía creerlo, volaba de arriba a abajo del árbol entrevistando una y otra vez a todos y todos le decían lo mismo, ¡¡Ella bajó Ticu, ella bajó y te tubo abrazado toda la noche!!.
Desde ese día Ticu duerme solamente de día y tras mucho esfuerzo logró acariciar con su pico sus propia espalda, donde ella lo abrazó y cuentan que una vez al mes ella baja a estar con el mientras todo el bosque en silencio, observa.
El Bolo
(Por Manuel Solórzano)
¡Que sol por la gran puerca! – dice Mario para si mismo mientras se baja de la panel blanca frente a la tienda Getsemaní. Lleva 3 años manejando la misma panel de tienda en tienda vendiendo de todo un poco.
- Buenas tardes señoooo…
- Buenas, ¿en qué le puedo servir joven?
- Una mi coca porfa seño, pero déme esa, la que está en el fondo o la que encuentre más fría…¡que calor usté!.
- Calorcito verdá…
- Já! y a mi panelita que se le jodió el aire usted, viera, no se cómo no adelgazo si todos los días ando metido en ese sauna… así quisiera estar como ese chatío allí tirado en la sombra…cliente frecuente?
- uuuu…tendrá unos 2 meses de estar allí. Siempre viene a media mañana, me compra tres octavos, el primero se lo toma de un solo, así tucún tucún, cuando se lo termina se guarda el envase y de una vez abre el otro pero no se lo toma, lo deja en el piso y no lo prueba sino hasta después de unos 15 minutos...
- y sabe su nombre?
- Ni idea, no habla. Dos veces lo he oído hablar, la primera solo me dijo “tres indias” y puso un montoncito de puro sencillo sobre el mostrador, cabal donde uste´stá parado, conté cuánto dinero era y por eso supuse que quería tres octavos de indita. De allí al otro día no dijo nada, solo vino más o menos a la misma hora con el montón de fichas y las puso en una torrecita. Lo conté y como era la misma cantidad, le dí lo mismo.
- Vivirá cerca?…
- Saber… unos patojos dicen que una vez lo vieron caminando por la sexta pero iba con otra persona, dicen que a ella si le hablaba, que el se veía normal. Según dicen, les pareció que era su hermana porque se parecían algo y porque tenía más o menos la misma edad. Lo siguieron dos cuadras y dicen que cuando llegaron a la parada, la doña le dio unos billetes, lo abrazó y se subió en la camioneta.
- Mire, y qué otra vez le habló?.
- Ah!, la ultima vez que le oí decir algo fue hace como 3 semanas, me asustó jodido. Fue un jueves, me acuerdo porque ese mismo día mataron a un cristiano aquí abajito. Acababan de subirle 15 len al octavo y como siempre, el vino y puso las fichas en el mostrador y como no alcanzaba le dije que había subido, que faltaban 45 len. El se quedó un rato callado, con la cabeza recostada en los barrotes y la vista al piso. Como no decía nada le volví a decir “No alcanza”, y no ve pues que le da un gran pijazo al vidrio que por poco lo rompe!. Yo me asusté y no le dije nada. Se fue y dejó el pisto allí medio tirado, regresó como a las dos horas y puso los 45 centavos en el mostrador y me dijo “que no le vuelvan a subir”.
- No estará loco usted?
- Saber, yo digo que si. Viera tan extraño que es.
- Por qué?
- No le digo pues, aparte de esa vez que le pegó al vidrio, ya le dije como se toma el primer octavo, así tucún tucún, el segundo se toma su tiempo, se lo toma a sorbitos. Cuando se lo termina, se guarda el frasco en la otra bolsa y saca el tercero, pero ese no se lo toma, solo lo pone en el piso y lo deja allí.
- Cómo así?
- Si, lo deja allí en el piso. No se lo toma.
- y qué?, se queda allí en el piso todo el día?
- y toda la noche…bueno, no toda, alguien se lo lleva en la noche porque no amanece.
- aaa eso si está raro…
- si, y sabe qué es lo peor?, que yo vivo aquí arriba en el segundo piso y la ventana da cabal allí donde el esta sentado, allí donde deja el tercer octavo y viera que me he quedado esperando a ver qué pasa con el octavo y a caso cree que llega alguien?. Nadie!. Pero el octavo cuando yo abro la tienda no está.
- Y a qué hora se va el?
- Cinco seis de la tarde. Mi hijo dice que no sea shute, que no me meta, que puede ser que sea una señal para alguien más. Mi hijo trabajó en el MP y dice que los que vigilan a la gente tienen muchas formas de pasar información por medio de señas, que se hacen los bolos o como que están locos mientras controlan a la gente para que no sospechen de ellos.
- Puede ser verdad, pero y si no?.
- A saber, pero sabe que es lo raro, que yo he visto que a veces abre el octavo y a veces no, lo deja nuevito, a veces solo desenrosca el tapón y lo deja así. Por eso puede ser lo que dice mi hijo. Pero saber. O tiene el chamuco dentro o se pasa de listo. Mientras me siga comprando no me importa.
- Pues si, la cosa es que no le suban otra vez al guaro…
- Cállese!. Dios me guarde.
Mario nunca supo qué pasó pero a los 15 días que le tocó de nuevo esa ruta, las persianas metálicas de la tiendita estaban cerradas.
Gustavo
Gustavo
Por Manuel Solorzano
Llueve, llueve sobre mojado.
Gustavo viene chiflándole a la camioneta para que lo espere. Cargado de 3 árboles de conocimiento cuyas hojas son más pesadas que el conocimiento que se cae de ellas. “Código procesal penal de Guatemala” se titula uno.
Aún estando en medio del charco logra subir de un salto con la agilidad del más experimentado escalador. Lentes salpicados, pelo despeinado, zapatos empapados, respiración agitada. “Gracias a Dios hay lugar” le dice al chofer con una mano estirada para recibir el vuelto y los ojos puestos en un lugar en la tercera fila que está vacío.
Media hora. Tránsito lento. Vapor humano. La desagradable sensación del frío de la lluvia uniéndose al sudor de la gente. Lentes empañados. Ventanas goteando.
- Qué hora tiene, disculpe. – Le pregunta una señora.
- No tengo reloj. – Responde mientras limpia el vidrio empañado con su mano derecha para que no se descubra la mentira que abraza su muñeca izquierda. Dos cosas había aprendido luego de tres asaltos: que jamás se muestra el reloj y que el ladrón nunca va solo.
“Mi casa tiene cancha de tenis, ¿La tuya?”. Lee tras limpiar el vidrio en un gran rótulo frente a dos árboles que luchan contra el viento. Media sonrisa se dibuja en su boca, dos retortijones invaden su estómago. “¡Un shuco, un shuco!” grita la boca del estomago con una voz de ultratumba que le recuerda el abrir y cerrar del cofre de los recuerdos que hace las veces de planchador en su cuarto. “¡Ni un peso, ni un peso!” Grita su bolsillo donde lo único que hace ruido son dos llaves, una la de la puerta de su casa y otra la del candado del cofre donde guarda, debajo de las fotos de primera comunión, una revista con la primera playmate guatemalteca. Una buena inversión.
- Yo vivía en una casa de esas, sabe? – Le dice a la señora que, sorprendida y sin tener idea de lo que habla Gustavo, voltea a ver a su derecha para asegurarse de que no le hablaba a alguien más.
- ¿cómo dice? – balbucea la señora.
Silencio. Gustavo no dice más pero vuelve a dibujar media sonrisa de la que solo el es conciente y dibuja un ying yang en la ventana.
- Las apariencias engañan – Dice. Dirigiendo sus palabras al más allá, donde tiene fija la vista.
Una hora. Su estomago vuelve a rugir pero esta vez su expresión es distinta. Alguien le dijo una vez: “prefiero comer frijolitos y dormir tranquilo que comer salmón y pasar las noches en vela”.
Llega a su parada. Mientras corre cubriéndose del agua bajo las cornisas de las casas un Pick Up le corta el paso. “¡Mierda!” – dice entre dientes.
Doble cabina, polarizado, aros especiales, “tumba burros”, neblineras y dos gorilas atrás más mojados que Cousteau y con armas dignas de Matrix.
- ¡Subíte Gus!. La voz le es familiar.
- Gracias. – Dice sin verlo a los ojos.
- ¿Hace cuánto lo de tu viejo?
- Tres años – Responde Gustavo sin dejar de ver la escuadra con incrustaciones de oro que lleva como acompañante en el sillón.
- La semana pasada palmamos al último que quedaba. – Dice alguien acurrucado atrás.
- Aquí es mi casa – Dice Gustavo sin dar oportunidad a más.
- Yo se Tavito. Saludáme a tu viejita.
Gustavo se baja si agradecer ni ver a los ojos a nadie. Va directo al cofre, antes de darle una nueva revisión a la playmate busca una foto en donde esta junto a su papá en la primera comunión, justo en la casa club a la par de la cancha de tenis. La vista traspasa la fotografía hasta el más allá, la misma sonrisa a medias. El mismo retortijón.
Compadres
Manuel Solórzano
…cómo que ya no hay!!?? Dejáte de babosadas y traéme otro cantarito bien lleno. Qué?? Miraaa, no me repitas lo miismo que voy YO a hablar con el mero mero y te voy a poner el deedo y mirá que soy el best man… (meserito este)…
– Jefe, le prometo que no son ganas de molestarlo, se nos acabó, parece que el patrón no calculó bien a los invitados y deje a los invitados… hay más de 75 colados!! Y todos buena mano!!.
– Va, por las malas querés??
- Rubén!! Esperáte mi vida hombre, el mesero no tiene la culpa, vos sabés como es la Patty, seguro que tiene por allí algo guardado pero ha de estar esperando que se vaya toda la mara colada…
Veintiocho, veintinueve, treinta!! Si mi amor, si vinieron las treinta tinajas que pedí, no se qué habrá pasado pero se acabó, que clavo, allí están tus primos que se me quedan viendo con cara de chucho en carnicería para ver a qué hora sacamos más vino, qué van a decir?...
– Pues no se que van a decir, lo que si es que vaya manerita de empezar nuestro matrimonio, que ni sepa mi mamá porque ya la oigo diciendo: miiija el que mal comienza..mal acaaaba…
- No me coquies que ya sabés que una me falta para irle a decir a esa vieja todo lo que pienso, que agradezca que la invité!
– E e e!! cuidadito con empezar con eso, mejor vos agradecé que mi papá te haya dado los 15 camellos que con eso ya tenemos para vivir por lo menos mientras conseguís un trabajo decente. – Mirá, dejemos eso para otro día, ahorita mejor concentrémonos en conseguir aunque sea indita para los bolos de tus primos.
Mi´hijo ya viste?, qué tanto estarán discutiendo la Patty y el Guicho?
- No se pero el Guicho se ve algo maleado…
- Será cierto lo que le dijo el mesero a Rubén?
- Qué cosa?
- No oíste? Que se les había acabado el vino…
- No hombre, en serio? Pobres, y qué? Tienen clavos de plata o algo?
- Pues no se, pero que mala pata y la fiesta está hasta para mañana, qué van a hacer?, falta casi un día completito… si yo pudiera ayudar en algo…
- aaaaa no, no me mirés con esos ojos que ya se por donde vas, olvidáte; ese vino lo estoy guardando para mi convivio de fin de año.
- Miiiijo para eso falta mucho, mirate al Guicho, el pobre ni siquiera quiere salir de la cocina.
- Si pero qué culpa tengo yo? para qué se meten a hacer una fiesta tan grande si no les iba a alcanzar?
- Va, yo solo te lo dejo allí, tu sabrás qué hacer.
- Ve, que fácil…
- Pues si, sabes bien que las cosas buenas no son fáciles…
- Pero ma...
- Bueno, no, si no queres tampoco, a la fuerza ni el agua es buena, tu papá lo hubiera hecho…pero en fin... Olga!! Chula no te había visto… cómo has estaado??
- Má, maa!…ve que deahuevo, bien sembrado. Solo eso me faltaba, yo dando de chupar a este maral que saber quienes serán y de mi vino que está mucho mejor que este vino de caja que nos dieron… mi papá… ese si fue golpe bajo…
Ruben!! Ruben!! Son las ocho menos cuarto!!! Levantáte que el tráfico de los lunes es insoportable, vas a llegar tarde y te van a regañar otra vez!!
- Perame hombre…me sigue dando vueltas todo…
- Quién te manda pues?? Apuráte que el único necio de empinarte el vino que pasaron de último fuiste vos así que aguantáte.
- Ese mi compadre se peló…yo sabía que no me iba a fallar!



