variopinto

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Aguante

Aguante
Por Olga Contreras

Podía aguantar muchas cosas cuando se lo proponía. Cagada de la risa había pasado hambre más de una vez con tal de caber en un vestido. Callada la boca se tragaba los malos modos de sus dizque amigas, cuando la criticaban por la vida que llevaba, cuando en realidad lo que pasaba era que secretamente la envidiaban. La gente no tiene ni idea del esfuerzo e inteligencia que requiere mentir para mantener una doble vida. La energía, sudor, tripas y ovarios que hay que hacerle para que todo salga bien y ni un detalle quede a la deriva. Y ahora como si fuera poco, soportaba palpitaciones, punzadas, hinchazones, mal humor seguido de risas que terminaban en llantos histéricos. Bueno en realidad eso lo tenían que aguantar los demás. Pero que le estuviera saliendo barba –por muy fina que fuera- ¡eso sí que no! Al carajo con las hormonas de fertilidad, ningún hijo lo vale, ningún hombre lo merece.

Fetiche

Fetiche
Por Nicté Walls

Adoraba su pelo, la sensación que tenía al meter los dedos dentro de los rizos dorados y amaba a los hombres con barba, nada más excitante que sentir ese cabello hirsuto frotando la parte interna de sus muslos en compañía de unos labios ardientes y sabios.

Pero él se fue, un día ya no regresó y se encontró sin compañía, sin esa barba sabia, sin esos labios carnosos, sin nadie.

Lo vio en la esquina, barba esponjosa y pelo rojizo suave, rizos en la barba y en el cabello, el mismo brillo, la misma sonrisa tierna por un lado. Quiso agarrarlo allí mismo y obligarlo a meter la cabeza entre sus piernas...pero se detuvo a tiempo.

Se paró en la esquina a mirarlo despacio, no parecía darle ninguna señal, ni ninguna atención, pero eran idénticos, ese cabello, esos rizos, esa barba, ese desaliño estudiado que no parecía casual, no era una simple coincidencia.

Se paró atrás para poder observarlo, no tardaba en pasar el bus y el tiempo terminaba, noo, se iba a ir y todo acabaría, no tenía valor para abordarlo sin tartamudear.

Vio el bus en la esquina y se acercó justo para preguntar su nombre y...

-que me mirás vos hueco ¿te gusto?

Se subió a la camioneta altivo, pero la magia definitivamente había terminado.

Recuerdos

Recuerdos
Por Oscar Escobar

Carlos sonreía mientras Marta su esposa por 25 años cojia la servilleta de colores típicos y le limpia cariñosamente una mancha de Ketchup.

-Come mas tu barba que vos, le dice ella, fingiendo desespero… Sabes que lo que me conquisto fue tu barba?… confiesa Marta con su pregunta.

Es algo que él ya sabía desde hace mucho tiempo. Aun así, Carlos, con un movimiento de cabeza niega saberlo, porque le gustaba como su mujer recuenta lo pasado.

Ella, con su voz todavía juvenil, teje el tapete de su historia. Entre tanto el reconstruye en su mente la imagen de dos Jóvenes recién salidos de la adolescencia. Ella espectacularmente bella, y el bien afeitado.

Por meses la anduvo enamorando sin tener resultado, hasta aquel día en que regresaron a la “u” después de unas vacaciones.

-Que lindo te vez con tu “chivita”! había exclamado Marta al verlo.

Se acuerda cómo sintió que veía la gloria mientras ella a con sus dedos juguetones le trenzaba los bellitos del menton y como con el tiempo su barba, llego a recorrer todo el cuerpo de su amada.

Después del desayuno, Carlos se mira en el espejo y piensa en lo que le dijo su hermano:

-Vos… te tenes que rasurar esa babosada, te hace ver viejo, ya casi te pareces a Urbano Madel.

Mientras contempla ese pensamiento, Martita, su hija de 18 años se despide con un beso. Van de salida con su madre. -Regresamos a las 10! Dicen ellas en tono musical, mientras se alejan.

Aun frente al espejo, no deja de fijarse que su hijo que ahora se para junto a él, revisándose el pelo y la ropa, es mas alto que su padre.

-Voy a vacilar con mis cuates- dice Juanca,… no me esperes despierto.

Al ver a sus hijos salir por la puerta del frente, le vienen a la mente los tiempos aquellos en que jugaba haciéndoles cosquillas en los piecitos a la vez que les contaba que su barba era mágica, que se la había regalado un chivo viejo porque provocaba carcajadas.

No se da cuenta que lleva allí parado un buen rato; reviviendo los momentos almacenados en su memoria, tocándose la barba que seguía intacta, no se la rascaba, solo acariciaba los recuerdos

El señor Barbucho

El señor Barbucho
Por Tania Hernández

Este es el Señor Barbucho,
miren que lindo se ve,
pisando firme las hojas
como señor del bosque que es.

Se esconde bajo los hongos,
cuando pasar a una chica ve
para ver bajo la enagua
lo que ella suele esconder.

Cuando llega la noche
para dormirse muy bien
toma un pedazo de hongo
y se lo come con miel.

Qué feliz se siente el enanito
soñando con la mujer
y con su barba crecidita
tocándole hasta el sostén.

El Señor Barbucho despierta
qué triste se le ve
quiere seguir soñando
con las tetas de mujer.

Se murió el Señor Barbucho
por un hongo entero comer.
Gracias doy, que al enano maldito
no lo volveremos a ver.