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Cuentos Juveniles

Virgen y suicida

Virgen y suicida
(Por Nicté Walls)

Hoy me siento casada. Ya no soporto a Maria Laura y sus obsesiones. Ayer eran las faldas negras y los calcetines de rayas rosadas, hace una semana el esmalte negro para uñas, hace tres días los ganchos de pelo con rositas y brillantina.

Me molesta mucho más cuando empieza con sus necedades, queriendo salir a pasear a cada rato al mall y a ver al famoso Joel que apenas le roza la mano y le besa la mejilla.

Estoy realmente cansada de ella. No puedo olvidar la boda de su prima, cuando me llevó casi a rastras y me puso una falda de tul rosado con moñitas, de lo más enojoso.

Habla toda la noche por teléfono, a veces no me deja dormir con sus canciones de Justin Bieber, estoy harta, desesperada.

Lo peor es que no me deja ver a mi novio, no quiero quedarme virgen para siempre, en algún momento voy a tener que conseguir pareja para tener muchos hijitos y dejar a Maria Laura con sus cosas.

Aunque hay días que estoy tan deprimida que me dan ganas de saltar para no volver a ver a Maria Laura ni a nadie más, acabar de una vez con esta tediosa vida llena de salones de belleza, pinturas de uñas, maquillaje y peinados. No quiero que la gente me vea sólo porque le parezco hermosa, quiero que me valoren por lo que soy…

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-¡¡¡LUIS!!!! , ¡cuidado! , ¡que horror!, ¿viste? Esa chihuaha de faldita rosada se acaba de tirar de la ventana del carro, guacala, la dejaron toda destripada.

La Verdad

La Verdad
(Por Patricia Cortez)

La verdad, vos, es que mi mamá era puta. Tenía un cuartito en la línea y nos llevaba allá con la Marianita. Vos no la conociste ¿vaa?, era mi hermanita, tenía como dos años menos que yo.

El saico dice que es bueno que la recuerde, que esas cosas me hacen fuerte.

Lo que te contaba pues vos: nos llevaba a su cuartito porque no le gustaba dejarnos encerrados como hacían las otras, cuando no se ocupaba podíamos jugar con ella, nos leía cuentos, decía que cuando entráramos a la escuela teníamos que saber pintar y otras babosadas de esas, si se ocupaba siempre había alguien que nos cuidaba.

Era bonita la pisada, tenía su pegue, había un par de viejos que llegaban en sus carros con chofer y a mí me dejaban entrar al carro, poníamos el aire acondicionado y esperábamos a que los viejos salieran. Nos gritaban re feo y salíamos corriendo como locos por toda la línea, era bien alegre vos, en serio.

Vos tampoco conocés a mi madre, no está muerta, pero casi. Se puso loca cuando se murió la Marianita. La metieron al Federico Mora. Allí está todavía, se cortó los brazos a saber cuántas veces, yo iba a verla, pero ya no voy, está bien loca la vieja, en serio.

¿Querés que te cuente como se murió mi hermanita? La verdad, no es una historia agradable, pero igual, el sayco me dijo que lo diga todo, que deje ir ese asunto y te juró que cada vez que lo hago parece más una historia de esas que nos leía mi madre de “escuela para todos”, por eso me gusta contarlo, para que se vaya volviendo un cuento.

Mi madre jura que no tuvo la culpa, que ella no se dio cuenta, que la drogaron. Yo solo recuerdo que estaba entre el carro del viejo, una belleza vos, era un Mercedes negro con asientos de cuero. El chofer me estaba contando algo y yo me metí al carro sin ver si la Mariana venía atrás. Tenía puesto el radio bien fuerte. Después que pasó todo, me quedé pensando que el chofer me dejó poner el radio porque no quería que yo oyera.

Fue un grito de la Mariana el que me hizo salir del carro, gritó fuerte y se oyó dentro del cuarto. Yo me asusté porque mi madre me pegaba si la interrumpía, me salí del carro y comencé a gritarle, pero ya se había callado. De todas formas me metí al cuarto, con cuidado y agachado para que no me vieran y me encontré de golpe con los ojos en blanco de la Mariana y el viejo ese que se la estaba cogiendo por detrás. Yo me asusté porque parecía muerta. ¿sabés? Yo ya había visto a mi madre coger con los clientes, ella gritaba pero no se le ponían los ojos así. La Mariana tenía cuatro años y el viejo cerote la estaba destrozando por atrás.

Me emputé tanto que me le tiré encima, el viejo la soltó, la patoja cayó al suelo, la cabeza le tronó del porrazo. Tenía tanta sangre por detrás que daba miedo. Yo le enterré las uñas al viejo. No te rías cerote que yo apenas tenía 7 años, creo que lo mordí también. Mi madre se mataba de la risa en la esquina, estaba bien peda, requeté peda, se reía al ver a la Mariana tirada en el piso sangrando.

El viejo recogió a la niña y la metió a su carro, yo vi que respiraba algo todavía antes que se la llevaran, me metí a pegarle a mi mamá para que reaccionara y vinieron las viejas de los otros cuartos a darle café y nada, seguía riéndose.

Hasta el día siguiente preguntó por la Mariana, le contamos y se puso histérica, lloraba y lloraba, se fue a buscar un teléfono para llamar al viejo, si vos, en esos tiempos no había tantos celulares.

El viejo le dijo que la Mariana estaba en el hospital, todavía la fuimos a ver dos días, pero no había nada que hacer, nunca despertó. El doctor que yo oí decía “mejor que se haya muerto” porque estaba toda destrozada por dentro. Hicieron que mi madre firmara un papel, era para que nadie le pudiera reclamar al viejo y hasta los doctores se hicieron de la vista gorda. El viejo cerote le dio pisto para pagar el entierro y la caja bien lujosa en donde la pusimos, puta si nunca había tenido ni una muñeca la cerotía.

Después que la enterramos me cambió la vida, empezó el encierro en el cuarto, la vieja se volvió loca, ya no me metió a la escuela. Me escapé, pasé un par de días vagando hasta que conocí al saico que me sacó de allí y me metió a la clica.

Yo siempre pienso en la Mariana cuando tengo que hacer un trabajo. Miro sus ojos en blanco, la sangre y la cara del viejo cerote es la que le veo a cada cliente. No se acaba vos, el odio no se acaba, ni porque mate a todos los viejos cerotes de Guatemala, no se me olvida la cara de la Mariana ni la loca de mi madre.

Chica Super Religiosa

Chica Super Religiosa
(Por Tania Hernández)

Mi dios es un bonito pendiente, un arete de colores que va con el estáil que llevo los domingos. Está de moda, lo saco, me lo llevo colgando al cuello y se lo enseño a todos, porque estoy super orgullosa de lo bonito que es. Sobre todo a mi vecina, esa tan creída que presume de tener un dios extranjero. Pero mi papá ya me dijo que ése solo puede ser un dios chafa, porque el nuestro es el único verdadero, de marca pues.

Lo que más me gusta de mi dios, es que que me cabe en todos lados, en la música que pongo a todo volumen, como separador en los libros del colegio, hasta tengo ropa interior con motivos religiosos ;) Me encanta poderlo comprar en mi centro comercial favorito, con globitos, peluches y tarjetitas. Ayer hasta tuve la suerte de encontrar un pin de “Dios me ama” en blanco y rosa, que le va muy bien al bolso que llevo al gym. Eso no pudo ser más que una señal divina, ¿no creen?

Y es que que es super buena onda eso de poder estar siempre in. Me lo enseñaron en la iglesia. Es super fácil, solo dices “yo creo” y ya, ¡shvuptivup!, eres parte del club. Que es super importante, porque solo los del club se van al cielo, todos los demás, los “hereje”, o los del diablo que les dicen, todos se van al infierno jeje. O sea que yo, fussshhhhh, directo al cielo.

Lo que si no me llega mucho es eso de morirme, pero solo de pensar, así como me dijeron, que ese cielo pueda ser como Las Vegas, pero más bonito, eso sí que me emociona :) Todo el día de shoping con mis BFFs *suspiro*. Que por eso son mis “best friends forever”, que quiere decir forever and ever, o sea allá también pues.

Por aquello de las dudas, mis amigas y yo ya cambiamos todos los accesorios, los discos y las películas de antes, todos por los de mi dios. Así no nos puede reclamar nada de “otros dioses” y esas cosas, y la gloria la tenemos más que segura. Pero para eso falta todavía mucho. Y si a última hora nos hace falta algo, pues la compramos y ya. Porque para entonces ya todas tendremos nuestra propia visa gold. O hasta platin. Que es que yo, en esas cosas, sí que tengo fe, y con fé, dicen, todo es posible.

La Ceiba

La Ceiba
(Por Olga Contreras)

“Ey como estas? Espero que bien y que ya se halla quitado el frio ese de la ultima noche. Aquí nunca hay ese frio sabes? Y menos en Ceiba, la playa donde me voy a ir a vivir, te acordás que te conté? La vas a conocer, eso te lo juro. La pasamos bien mujer, gracias por llebarme a comer esos pasteles, son mis favoritos, pero culpa de esa libra de más fue que me tuve que rapar, para llegar al peso. Menos mal me conocistes con pelo largo y después sin pelo, ya no me dijistes como te gusté mas? Este lleso me trae vuelto loco, no puedo pelear, no puedo bañarme, ni siquiera te podría abrazar bien y eso sí estaría mal. Mujer, te mando un beso tronado y solo eso te mando pues es mi hermanita de nueve años la que escribe la carta, por lo del lleso. Mi hermanita Eva Joselina es la mejor.”

Esa fue la primera de once cortas cartas y después de lograr evitar que me diera un infarto masivo de la emoción, la releí mil veces, tratando de evitar ponerle atención a los errores ortográficos y sólo concentrándome en las partes bonitas. Fui corriendo a Paiz a comprarle una tarjeta para que me diera tiempo de mandársela en su cumpleaños.

“Mujer, ya finalmente me quitaron este yeso y te puedo escribir sin necesidad de mi hermana. Estoy en los preparativos para mudarme a Ceiba, no sé si se podrá este año. Estuve averiguando en la UNAH y sí tienen esa carrera que vos vas a estudiar y sí te aceptan. Venite a estudiar aquí, o de un solo nos mudamos a la playa. Mi amigo Alfonso, del que te hablé, llega a Guate en unas semanas a una competencia, le di tu numero y te va a llamar, se podría quedar en tu casa unos días? Decime para que yo le diga a él qué ondas. Te acordás esa noche en las gradas del museo? Estuvo bien, muy bien, vos me gustás mucho. Yo no soy muy de escribir cartas ni papadas románticas, pero la verdad es que quiero vida con vos. Gracias por la tarjeta, mis hermanas la vieron y me jodieron un par de días, pero fue buen detalle de tu parte. Un beso, ojalá pueda llegar luego o podas venirte vos.”

Ay dios ¡quiere que me vaya para allá! ¿Qué hago? Yo no puedo irme de mi casa, no puedo, tendríamos que casarnos y él no cree en eso, él sólo quiere que me vaya a vivir con él…¿y si no resulta? De que lo quiero, lo quiero, pero…me da miedo, no puedo hacerle eso a mi mamá, a mis abuelitos, se mueren de seguro. Y eso de que el tal Alfonso se quede en mi casa, de plano nel: es negro, tiene el pelo de rasta, me matan en mi casa. Ojalá en serio pueda venir a verme, yo no creo poder ir allá. ¡Ja! Que si me acuerdo de la noche en el museo…¡me acuerdo, pues! Fue como descubrir de repente algo que al mismo tiempo me era ya familiar. Mis sentimientos y emociones ya no eran de alguien de 17 años y ciertamente no concordaban con mi arraigada fe, que en lugar de celebrar el amor encontrado me llenaba de culpas y miedos y promesas de destierros e infiernos con más de nueve círculos. ¿Porqué yo tan cuadrada me había enamorado de un redondo?

“Hola, recibí tu carta. En serio que no entiendo lo que pasa ¿me querés o no? ¿querés que estemos juntos o no? Yo con vos me caso cuando querras si eso te va a traer conmigo. Lo digo en serio, pero también te digo que yo no ruego a nadie y se me hace que vos te me estás poniendo en esa posición. Decidite que vas a hacer. Esto de lejos definitivamente es de pendejos y de eso ni un pelo tengo. Sabes lo que siento por vos, eso debería ser suficiente. Un beso.”

Las siguientes cartas retardaron pero no frenaron el impacto previsto entre un carro sin frenos y otro que está varado a la orilla de una carretera que no ha sido ni siquiera construida.

Seguí adelante con mi vida y me metí de lleno en un mundo que estaba elaborado y diseñado para ml, pero no por mí, no era mío, no pertenecía a él. Era como serme infiel a mí misma.

Pasaron más de veinte años, entre los dos sumamos tres matrimonios y seis hijos, y gracias a la modernidad cibernética lo volví a encontrar, y él –sin yo pedirlo- me ayudó a encontrarme, sin más ayuda que sus pocos pero certeros recuerdos de aquella ilusa patoja que se había perdido en su propio mundo; aquella que ahora a sus cuarenta cuestionó todo y encontró respuestas en las dudas y logró recuperar lo que había perdido: su ser, su esencia.

Fuimos a Ceiba tal y como él lo había prometido, sólo que fui acompañando a mi mejor amigo y a su esposa.

K de picas

K de picas
(Por Rodolfo de Matteis)


El viejo ratón acabó su meditación, se levantó de su viejo sillón, apagó la luz y cerró la puerta.

Que me den una linterna, tengo que iluminar esta oscura calle de la verga.
Marco se iba perdiendo entre las miles de vueltas que se desenrollaban en el sueño retorcido.

¡Verga! Hacía calor ¡demasiado calor para tomar un café!

Entonces tomó una cervecita, pero había olvidado el monedero en casa, así se prostituyó, un ratón, sobre una banqueta, que llora, desesperado.

Nadie se para, las bicicletas pasan a toda madre sobre el asfalto al rojo vivo: hay un enano más allá que llama más la atención de los clientes. Pasa la patrulla.

Al ver a la policía el ratón huye.

Uuueeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee!!!

Dieron la alarma, no hay esperanza para un pobre ratón acechado por miles de gatos-policía. CORRE RATÓN CORRE.

este es K de Picas.