variopinto

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El Habitante


El Habitante
 por Ingrid Sofía Escobar
Unos minutos más y todo habrá terminado.
Tengo que quitarme esa imagen de la cabeza, la sensación asquerosa de él tocando mi cuerpo, saboreando cada gota de sudor y temor de mi rostro.
Ya no más.
Ya no más estúpidas decisiones.
Ya no más ese miedo infernal cada noche, en mi cama.
Ya nunca más veré esos ojos rojos controlando mis movimientos y pensamientos. Encerrada me tuvieron por meses, sin poder comer ni beber nada. Puedo ver en mis muñecas y tobillos las cicatrices de las sogas que me ataban, los resultados de una batalla sin fin que hasta hoy llegará a su final.
Rápido, este es único momento que me queda.
En las últimas semanas tuve una gran mejoría, por primera vez logré escapar de sus garras y hablar con mi madre.
“Estoy bien mamá, estaré bien”
Fue lo único que pude articular antes que él tomara el control y se adueñara de mi cabeza. Cuando eso pasa sólo siento dolor, trato de gritar, pero lo único que puedo hacer es ver como mis extremidades se doblan de tal manera de hasta casi romper mi huesos. Mi voz no suena como realmente es, mi voz es su voz y no importa en qué idioma hable le entiendo sus más íntimos pensamientos.
Aún con todo esto pasando, me encuentro sentada en la orilla de la cama.
Analizando mi siguiente movida.
“¡Levántate! ¡Nos vamos!”
“‘¡NO! ¡MAMÁ! ¡AYÚDAME POR FAVOR!”
En contra de mi voluntad me levanto hacia la puerta del sótano y salgo de la casa.
“¿En verdad pensabas en suicidarte? … Creeme, esto es sólo el comienzo”
Arrastrándome hacia el medio de la calle, en menos de tres segundos vi como un carro me atropelló.

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